¿De cuantos tipos o clases de miedos podríamos hablar?
Hay miedos que, ni si quiera, creemos que existen, situaciones e incluso síntomas que no catalogamos como miedo pero, que lo son. Otros diagnosticados como fobias. Miedos que, realmente, se convierten en problemas para el desarrollo de una vida normal y diaria. Miedos que son enfermedad.
Pero si pusiéramos en común los miedos que todos, en determinados momentos, sentimos, podríamos identificar miles de clases de miedos.
Miedos, quizás, relativos por lo singular que pueda ser la causa que los provoquen, por la perspectiva de cada persona, por las molestias que ocasiona, por las sensaciones que genera, por un sin fin de razones, todas comprensibles, pues los miedos no dejan de ser reales para aquellos que los sufren.
Hoy pienso en muchos de ellos: miedo a la soledad, miedo al dolor, miedo escénico, miedo a lo desconocido, miedo al desamor, miedo a la oscuridad, miedo a las críticas, miedo a ser violentamente intimidado o atacado, miedo al fracaso, miedo a burlas y calumnias, miedo, miedo, miedo... Pero, sin duda, el miedo más aterrador es el que desencadena una perdida. La ausencia de un ser amado. Miedo a su marcha final e irrevocable, miedo a una casa vacía a pesar de armarios llenos, miedo a un daño que el llanto no borra, miedo al desconsuelo, a una pena eterna, miedo a afrontarlo, miedo, por supuesto, a olvidarlo.
Es éste un tipo de miedo que obviamos, siendo conscientes de que llegará tarde o temprano y es, precisamente, esa dificultad para reconocerlo la que nos impide disfrutar de muchos más instantes con esas personas a las que queremos, porque creemos disponer del tiempo, de otras ocasiones, porque nunca mencionamos que "eso" pueda suceder.
Hoy no quiero eludir la realidad, porque pasa, porque es nuestro destino, porque la muerte nos acompaña, porque, con suerte nacemos, nos desarrollamos, vivimos y, finalmente, morimos, porque deberíamos vencer tabúes y hacerla menos drástica y más lógica, porque me niego a aceptar que no haya nada más, porque... ¡¡no quiero perderlos nunca!!
Hoy un escalofrío recorre mi cuerpo y, no es miedo, no, es la imprudencia de los "te quiero" no pronunciados, de los abrazos repudiados, de los besos negados, de los minutos desperdiciados, de los silencios, a su lado, no valorados. Es la imprudencia de no ver el riesgo de su falta.
Hoy no voy a dejar que el lamento se adueñe de un mañana, compartiré mi miedo con esas personas a las que quiero, porque ellas me darán consuelo, me harán comprenderlo y, juntas vencerlo.

Mi consejo: Díselo, aprovecha cada segundo a su lado.
Ríe, llora, si es preciso, comparte lo vivido. Que, jamás, te aflija lo que pudo haber sido... ¡Que sea, que, siempre sea!

Extraña sensación de angustia

Comparte este Goo:

¿Tiene contenido inapropiado?

Comparte este goo con un amigo: