Con La tierra de las cuevas pintadas, Jean M. Auel, termina la serie de seis libros de la tierra de los hombres, damos fin a las aventuras y desventuras de AYLA y Jondalar.

Ayla se ha integrado totalmente en la vida de los zelandonii, es una mas en el pueblo de su compañero Jondalar.

La tribu ha aceptado las novedades que trajeron de su viaje y ahora utilizan la lanza venablos para cazar y las piedras de fuego para encender sus hogueras. También se han acostumbrado a los caballos y al lobo que Ayla domestico. Ayla da un paso más en su integración cuando decide ser adiestrada por la hechicera Zelandoni, para ser de la Primera que Sirve a la Madre.

Su periodo de aprendizaje e iniciación tiene que compatibilizarlo con el cuidado de su hija Jonayla, pero tiene su gran ayuda en Jondalar y su familia. Como parte de su formación iniciara un viaje por todo el territorio de los zelandoii, en la etapa mas larga llega a la cueva mas sagrada de esta tribu, las cuevas sagradas están llenas de pinturas que admiran a Ayla.

Su adiestramiento le exige mucho tiempo ya que tiene que aprender las leyendas, rituales y demás conocimiento de la Zelandonia, incluido un periodo de estudio astrológico. Ha de permanecer un año observando el firmamento para poder predecir el cambio de estaciones, y será una dura prueba ya que la mantendrá alejada de su familia. Ayla después de este periodo recibe su llamada para entra a formar parte de la Zelandonia en forma de una visión que le revela un ultimo verso del Canto de la Madre.

La llegada de Ayla, ilusionada por ver a su familia, a la reunión de verano le traerá más sorpresas, como la visita de dos miembros de campamento de los Mamutoi, que han viajado para verla y traer noticias de los suyos. Pero la otra sorpresa no es tan agradable ya que sorprende a Jondalar y Marona juntos, lo que causa una crisis en la pareja.

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