TIEMPO EN EL VACÍO

Aunque ella ya se había ido desde hacía mucho tiempo, el corazón de José no podía todavía entender la partida de Ana.

Parecía que apenas ayer los dos eran unos jóvenes soñadores, imaginado cómo sería el mundo ideal, ese donde nadie tratara de destruir ese sentimiento tan hermoso que había crecido entre ellos.

Y ahora, la casa lucía completamente vacía, como si nunca hubiera sido testigo del inmenso amor que se tuvieron dos espíritus solitarios. ¿Qué era lo que había quedado de todas esas promesas de permanecer juntos por siempre? Casi nada, únicamente un pálido eco, destinado a rendirse ante el cruel paso del tiempo. Aunque ya había pasado casi un año desde la partida de Ana, y seis meses desde que José decidió abandonar el bello hogar que ambos compartieron, él todavía regresaba a la vieja casa.

Tiempo que no volverá

Acariciando con sus largos dedos las frías paredes de ladrillo, el joven hombre buscaba recuperar algo; tal vez el sonido de una feliz conversación que se extendió hasta la madrugada, o quizás, simplemente quería cerrar los ojos por un momento, para poder imaginar cómo habría sido su vida si hubiera guardado silencio a tiempo, antes de lastimar a la mujer que tanto lo amó. Pero ya no había oportunidad de volver el tiempo atrás. Él estaba en una habitación desierta, sin más compañía que el sonido de su propio corazón, atormentado por haber tirado a la basura en un momento de rabia, una hermosa oportunidad para ser felíz.

Quizás, a causa de tanta soledad, el corazón de José buscaba aferrarse desesperadamente a la idea de que Ana regresaría a su lado un buen día de estos. Tal vez la espera sería en vano, ¿y eso qué? Era cien veces mejor vivir tratando de alcanzar un sueño casi tan frágil y etéreo como una nube, que resignarse a caer en un profundo pozo lleno de oscuridad.

Tiempo sin amor

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