Ahora,

encontrándonos en esta

senda amarilla.

Parece como si estuviéramos en pausa.

 

Detenidos en el suave arrullo

de brazos, que emulan a

pájaros etéreos, venidos

en el tiempo del suspiro;

Detenidos y en pausa,

como en una película

en blanco y negro.

Se repiten láminas inciertas del pasado,

sin entender,

que es ya,

es el presente el que se agota.

Sin saber bailar,

la danza,

a la que nos convoca la lluvia;

sin sospechar,

ni siquiera suponer,

cómo andar al ritmo de lo que no fuimos:

De lo que no fuimos,

en la generación incierta de las mariposas.

Dices que es mi dolor

el que me ha llevado,

a escabullirme en laberintos delirantes,

en laberintos en los que creí

salvar, limpiar, lavar, redimir,

o si acaso por lo menos,

entretener con un beso,

a un necesitado que parecía, más bien desolado;

…desolado,

y extraviado del paraíso.

Es ¡ya el tiempo!,

el ocaso grita con voz de ruiseñor,

¡es tiempo! ¡tiempo!!

la trompeta celeste nos llama,

simulando en un re mayor a Brahms en su agonía,

delirando sin remedio en medio de notas desconocidas,

rendido al imperativo de su siniestra terquedad.

Es necesario permanecer detenida,

en PAUSA, hasta que sepa, aprenda, o quizás entienda,

que las fuerzas refundidas en todos mis musitares anhelantes,

mis mimos de bailarina,

mi onanismo compartido,

esas fuerzas, fuerzas ya usadas;

son piedrecillas blancas y brillantes,

delineantes de esta senda amarilla

que nos dice: ahora.

¿Si las sigo, ellas me llevarán

de retorno a mi nombre?,

quizás, allí encuentre lo que no he sido, lo que no fui.

¿Qué pasará con la senda amarilla,

al perdernos en el deleite con nosotros mismos?

¿qué pasará si cuidarnos se vuelve simplemente,

una apología al egoísmo?,

¿qué pasará con el sueño de amar a uno,

que no necesite ser remendado con hilos refundidos?

Es que… óyeme,

si seguimos, si sigo este camino a tientas,

que hoy nos resulta

hermosamente despiadado,

mi sentencia…

¿será morir, mientras sueño?

¿Qué haremos, entonces?

¿qué haré? se repite la pregunta,

como escena de teatro shakesperiano.

...Talvez, mi destino no esté entre telones,

ni entre Capuletos, ni otros apellidos,

ni siquiera entre sombras, ni preguntas.

Tal vez a nuestra locura, la llamamos pasión,

y quizás la pasión, fue el camino más certero al AMOR.

¡Pasión, amor, destino!!, SI ¿el olvido los vence a todos?

¿Qué somos?

… Por lo tanto… entonces… sin embargo…

el olvido, es también destino,

el destino mera locura, la locura profunda pasión,

y la pasión… la pasión sí, es posible, que finalmente sea,

puro amor.

¿Qué haré?, ¿qué haremos?;

rasguñemos a la PAUSA,

estremezcamos al silencio;

zig, zag, tic, toc, din, don

hipnosis suave,

en el arrullo de brazos,

que emulan a pájaros etéreos,

venidos en el tiempo del suspiro.

senda amarilla

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