Recuerdos

Tiempo para recordar

Era hora de salir a comprar y una vez más, en la misma ciudad, en el mismo barrio, en la misma calle y casa. Una vez más recorríamos la casa desde la habitación hasta la puerta de salida como todos los días al igual que todos los día oía la misma pregunta ¿Dónde estaba la puerta?.

Caminamos por la misma acera y nos saludan los mismos vecinos y por supuesto, en las tiendas los comerciantes. Saludamos y preguntamos manteniendo unos segundos de charla, esta experiencia diaria para mi y nueva para él representa conocer a unos vecinos y comerciantes nuevos todos los días que, curiosamente, lo conocen muy bien.

Cuando llegamos a casa, la mira asombrado y para quieto, comprendo porque miraba tantas veces atrás al salir de casa, estaba intentando aprenderse de memoria esa casita blanca, bonita y acogedora que durante los últimos 20 años lo ha cobijado. Pero quizá no fueron suficientes veces o quizá no se fijo lo suficiente, pues de pie en frente de la puerta de la que acaba de salir 20 minutos antes, ya no la reconocía.

Me planteo si no sé que es peor, que a partir de una edad empezar a perder la memoria inconscientemente o tener plena conciencia de que no tienes memoria ya.

Mientras damos nuestros paseos diarios intento evitar los temas y circunstancias cercanas, ya que es donde más lagunas tiene. La mirada perdida aterriza sobre el suelo intentando evitar las lágrimas de la impotencia y una actitud sobreforzada de serenidad son las pistas que tengo, una vez más no sabe como llego, ni a donde va y a veces con quién está.

La mejor fórmula que encontré es hablar de sus recuerdos lejanos, vivir en los recuerdos mientras me los va relatando con todos los pequeños detalles y matíces que podría tener. Con emoción, gestos exagerados y una expresividad increíble saca toda su vitalidad, al menos no ha olvidado sonreír, no ha olvidado vivir y disfrutar lo que tiene.

Una vez ya en casa, me agradece la compañia y con la misma vitalidad vuelve a su habitación. No son más de 10 min lo que tarde en salir y sorprenderme mientras pienso en su capacidad de lucha por su situación. Ahí de pie y con una sonrisa de oreja a oreja, acaricia sus brazos y timidamente dice:

"Hoy tenemos que ir a comprar, hace mucho que no vamos. ¿Podemos ir?"

Claro, por supuesto que si, siempre estoy dispuesto a ir a comprar contigo mientras uno de nosotros guardará los recuerdos otro se encargaré de vivir todo como la primera vez.

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