Dedicar tiempo a estar con los hijos, especialmente con los más pequeños, es uno de los mayores placeres que podemos tener los padres y un deber gratificante.

En esta época convulsa, agitada, en la que sentimos que necesitamos días de más de 24 horas para cumplir con nuestros compromisos, intereses de trabajo, personales y del hogar, muchas veces la atención a los más pequeños queda relegada a un segundo, tercero o cuarto plano.

O como es práctica casi habitual en esta era marcada por la tecnología, los sentamos frente al televisor, la computadora, el Tablet, el celular o cualquier otro medio digital, para que se entretenga mientras los adultos nos dedicamos a otras cosas.

Pero no hay nada comparable a la satisfacción de salir a pasear con ellos a los espacios que puedan resultarles entretenidos y útiles.

Hablo sobre todo de los parques, ya sean de diversiones o aquellos a los que vamos a sentarnos a contemplar el paisaje, ver pasar a las personas, a desconectar de las presiones diarias.

Esos momentos nos permiten acercarnos más a ellos, conocerlos mejor, entrar en su mundo mediante juegos, caminatas cortas, conversaciones animadas…

También les posibilitan respirar aire puro, socializar, conocer nuevos amigos, esos que quizás no vuelvan a ver cuando regresen a casa pero que serán los mejores del mundo mientras dure el esparcimiento, las carreras, el intercambio de juguetes..

Esos instantes podemos aprovecharlo igualmente en lograr que aprendan nuevas cosas, ya sea por la curiosidad que le despierta algo que descubrió o porque lo induzcamos a eso.

Por ejemplo, mi hijo de tres años, me pide que lo lleve a un parque cercano a la casa que se ha vuelto casi obligado visitar los fines de semana, donde la figura pétrea del General dominicano de la guerra de 1895 por la independencia de Cuba Máximo Gómez, preside el espacio y ya sabe el nombre del insigne mambí y pregunta por él, instante que aprovecho para de manera sencilla, darle información que le servirá para cultivar su conocimiento.

Vale la pena este esfuerzo por romper la rutina que llevamos y dedicar un tiempo a compartir con nuestros hijos, porque se lo debemos, ellos lo necesitan y nosotros también.

Padres compartiendo con sus hijos

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