Sylvia

Sylvia Likens era una niña amable, tranquila y servicial que tuvo la desgracia de cruzarse en el camino de una desequilibrada ama de casa, Gertrude Baniszewski.

Los padres de Sylvia tenían un puesto en una feria ambulante y raramente permanecían en un mismo lugar. Discutían constantemente sobre cómo cuidar a sus hijos mientras trabajaban. En junio de 1965 decidieron dejar a Sylvia y a su hermana al cuidado de una ama de casa que tenía seis hijos, a cambio de pagarle 20 dolares a la semana.

La primera semana, las dos niñas se adaptaron muy bien al nuevo hogar, incluso mantenían buena relación con las hijas de Gertrude Baniszewski. El problema llegó cuando el cheque de los padres de Sylvia se retrasó. Gertrude llevó a las dos niñas al sótano de la casa, y una vez allí las comenzó a azotar con el cinturón. Sylvia pidió a su torturadora que no pegara a su hermana porque tenía problemas en una pierna por culpa de la poliomielitis, así que la joven Sylvia recibió el castigo por las dos.

Al día siguiente llegaron los 20 dolares del pago, y aquel suceso empezó a revelar la verdadera personalidad de Gertrude, un ama de casa asmática, alcohólica y fumadora compulsiva. Gertrude Baniszewski conseguía sobrevivir con el poco dinero que recibía de los diferentes padres de sus hijos y de los trabajos de planchado que realizaba.

Con el paso de los días los maltratos aumentaban, Gertrude culpaba de el comportamiento de sus hijos a Sylvia y a medida que pasaban los días su odio irracional contra la niña iba creciendo. Las torturas a las que sometía a la menor iban desde numerosas quemaduras de cigarrillos por todo el cuerpo hasta aberraciones como obligar a Sylvia a introducir en su vagina botellas de gaseosa. Una de las veces una botella se rompió y le produjo a Sylvia un desgarro grave.

Gertrude no era la única persona que maltrataba a Sylvia, todos sus hijos lo hacían, sobre todo su hija mayor Paula, una chica obesa y acomplejada, que solía aplicar sal sobre las heridas de la niña.

Los vecinos podían escuchar los gritos en la casa de los Baniszewski, pero todo ocurrió en los años 60 y en aquella época la gente pensaba que no debían meterse en los asuntos de familia. Sylvia ya no tenía permiso para estar en la casa y vivía en el sótano, donde cada día Gertrude, sus hijos y varios vecinos del pueblo golpeaban y abusaban de ella. En uno de sus días de calvario grabaron en su estomago con un alambre caliente la frase "Soy una prostituta y estoy orgullosa de ello".

Sylvia dejó de luchar y ya no reaccionaba frente a los maltratos, no quería que su hermana corriera la misma suerte. Los golpes, moratones, cortes y las terribles condiciones infrahumanas a las que se vio sometida propiciaron su muerte.

Uno de los adolescentes maltratadores, Richard Hobbs, estaba en la casa en el momento que Sylvia quedó completamente inconsciente y éste llamó a la policía para que la reanimaran, pensando que así podría redimirse de todas las atrocidades a la que había sometido a la pequeña. Cuando la policía llegó a la casa no podían creer el estado en el que estaba el cuerpo sin vida de Sylvia, calificando el abuso sufrido por la niña como uno de los más graves en la historia del estado de Indiana.

El juicio contra la familia Baniszewski obtuvo una gran repercusión mediática y casi todos los que participaron en las torturas y abusos de Sylvia Lickens tuvieron su castigo. Gertrude Baniszewski, el cerebro de toda esta locura, fue hallada culpable de asesinato en primer grado y condenada a cadena perpetua. Veinte años después reconocería los abusos hacia Sylvia.

Gertrude Baniszewski

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