Terquedad

LA TERQUEDAD: ENEMIGO DE LA SABIDURÍA

LA TERQUEDAD impide a todo aquél que la padece avanzar en la vida. LA TERQUEDAD es sinónimo de ceguera absoluta, una ceguera mental en el sentido más figurado. Una persona terca es aquella que insiste en su opinión personal, su ideología y su modo de ver las cosas como la única salida a las diferentes situaciones y problemas. Es incapaz de escuchar otras opiniones y no da nunca el brazo a torcer y es incapaz de reconocer sus propios errores o que existan otras opiniones válidas. No aceptan que pueda haber varias soluciones o salidas. LA TERQUEDAD Y EL ORGULLO van de la mano. ¡No me bajo del burro porque quiero que las cosas se hagan así y punto! Es imposible dialogar con las personas tercas y es aún más imposible llegar con esa clase de personas a un acuerdo diplomático. Cuando nos enfrentamos a personas tercas, cualquier intento de razonar y hacerlas ver lo equivocadas que pueden estar carece de sentido, no merece ningún esfuerzo y es una pérdida de tiempo.

Lo triste de todo esto es que la TERQUEDAD nada bueno trae. Las personas que se someten a ella quedan finalmente solas, abandonadas, en disputa con muchísima gente. Aquellos que no saben dar el brazo a torcer, reconocer cuando se equivocan y cambiar de opinión, no avanzan en la vida y son incapaces de aprender. Tal vez sea porque creen que reconocer puntualmente su error o que se equivocan es señal de debilidad. Muchas veces, en lugar de salvaguardar a un amigo que intenta hacernos entrar en razón para evitar que cometamos un error, lo convertimos en nuestro mayor enemigo por culpa de nuestro comportamiento terco. Muchas de las discusiones surgen como consecuencia de la TERQUEDAD. Cuando veamos que discutimos mucho y que nuestros amigos nos abandonan, tal vez es una señal de que ha llegado el tiempo de reflexionar y analizar nuestra forma de ser, nuestro comportamiento y, en ocasiones, incluso de pedir perdón. Reconocer y corregir nuestra actitud demuestra que aún nos queda algo de SABIDURÍA. Pero, LA TERQUEDAD y LA SABIDURÍA son dos conceptos que jamás pueden ir juntos. El primero concepto no deja avanzar en la vida, mientras la segunda se demuestra mediante la escucha, aceptando consejos, reconociendo y corrigiendo los errores cometidos. Cuando nos hallamos estancados en un momento de la vida, ¿sabremos elegir aquello que es lo correcto? Elegir lo correcto, aunque no estemos de acuerdo, puede ser un verdadero ARTE.

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