La cuidad de los dioses

Teotihuacan y el Shibalba (novela online 3): CAP 2A. Itzacoatl y Tezcatlipoca inician lucha por Teotihuacan

Itzacoatl, el gran guerrero Aguila y Comandante supremo del ejército de Teotihuacan, con rostro serio recibe noticias perturbadoras: enemigos han destruido el grupo de guerreros que acompañaban al joven heredero Quetzalcoatl. El mensajero le dice que el joven logró huir, pero está herido, y sus enemigos lo persiguen.

El comandante tiene razones para preocuparse. Tezcatlipoca, recién nombrado general en jefe de los guerreros Jaguares, se niega a obedecerle y ha aglutinado a su alrededor a una gran parte de la élite teotihuacana, incluyendo a 9 de los trece sacerdotes. Lo preocupante es que el Rey Itza Quetzalcoatl está gravemente enfermo, y no es capaz de tomar las riendas del gobierno.

-Gracias, fiel mensajero, ve a descansar-le indica, porque lo ve muy cansado.

-Obedezco mi Señor- le contesta el mensajero.

Atzer- llama a su servidor.

-a sus órdenes Señor, que se le ofrece- le dice al llegar Atzer.

–Llama inmediatamente a los jefes de los cuatro distritos, también a los cuatro sacerdotes que todavía nos son fieles, y a los miembros de la élite que no apoyan a Tecaztlipoca. Ordena además a mis generales Aguila que protejan la Ciudadela, especialmente el Templo de Quetzalcotal y,…. Si crees prudente puedes llamar a Izcoatl.

-Obedezco Señor, pero ¿Izcoatl, el más prestigiado general Jaguar no cree que nos traicionará?- le dice en tono firme, pero cortés su servidor.

–Es posible que el gran General se haya dejado seducir por Tecaztlipoca, pero nuestros informantes nos han dicho que se niega a obedecerle. Recuerda mi buen amigo, que Izcoatl no solamente es un extraordinario estratega en la guerra ¿A cuántas victorias no ha conducido a nuestro pueblo?, también es un hombre sabio y que ama nuestra ciudad. mmmm, ¿qué te parece si nos arriesgamos y lo invitamos a la reunión a realizar aquí en el Templo de Quetzalcoatl?-le contesta el Comandante Supremo.

-como usted lo ordene mi Señor, parto enseguida y como siempre llamaré a nuestros amigos con mucho sigilo- le dice su servidor.

En uno de los salones de la Pirámide del Sol, Xiquiripat y Xic (cubiertos con capas negras, ojos intensamente negros –que era lo único que se les miraba del rostro-, y olor intenso a muerte) le dicen a Tezcatlipoca,

- señor, es tiempo ya de tomar la ciudadela, recuerda que las tropas del inframundo se han puesto ya en marcha-.

–Si- contesta el General de los Jaguares- pero no será fácil, Itzacoatl es valeroso y cuenta con el apoyo de los guerreros Aguila, así como de varios líderes y también de mucha parte del pueblo. Además, la ciudadela es prácticamente impenetrable. Tengo que pensar bien si este es el momento para atacar.-

-Es el momento de destrozar la base del poderío de la dinastía Quetzalcoatl, el rey está moribundo y a su hijo lo persiguen jinetes enviados por nosotros- señala con autoridad Xiquiripat, uno de los dioses del inframundo.

– Además, ya está galopando el primer ejército del Shibalba, que acaba de emerger del Cenote Sagrado cercano a Chichen Itzá, y le aseguro mi Señor que ningún caballero Aguila podrá hacerles frente. No se le olvide que destruir el linaje de Quetzalcoatl es necesario para dominar la Tierra Intermedia.-le dice Xic.

Antes de que Tecaztlipoca responda, su siervo, después de abrir la puerta, entra y se arrodilla.

- Mi señor,-le dice- ya están los jefes de los guerreros Jaguar, los sacerdotes y los demás miembros de la aristocracia de la ciudad en la explanada de la Pirámide del Sol, esperándole-.

- Avísales que ya salgo a encontrarlos-, le indica el General Jaguar. El siervo sale.

Tecaztlipoca dice, -señores del inframundo, acompáñenme a la explanada, el momento ha llegado-.

Los dos dioses siguen al general, salen del salón y recorren el pasillo que los lleva a la salida de la pirámide, enfrente de la explanada.

Mientras recorren el pasillo, Tecaztlipoca recuerda los eventos que lo condujeron a Teotihuacan, la ciudad que domina el mundo de los hombres.

Su familia vive en la plataforma de los Jaguares en Uxmal como resultado de una de las tres grandes guerras libradas antes de que surgiera el Quinto Sol. Recuerda que guerreros de renombre del inframundo unidos a los Jaguares, oscurecieron con niebla y derramaron mucha sangre de hombres de la Tierra Intermedia. El fiero comandante del inframundo era su ancestro Tecaztlipoca Utel. Habían aniquilado casi toda resistencia humana de la tierra, solamente quedaba por tomar Tres Zapotes, la ciudad capital del imperio más poderoso de los hombres. 350 000 aterrorizantes guerreros del Shibalba se apostaron en las llanuras, enfrente de los ríos de la capital. La negra neblina oscureció la ciudad y sus alrededores; el hedor a muerte del ejército del inframundo inundó la ciudad como el agua de una presa que se rompe inunda las tierras a su paso. Solamente la tenue luz de las velas acompaña a los habitantes de la ciudad. 12000 héroes con valor desesperado juran proteger a niños, mujeres y ancianos. El hambre, la desesperación, el llanto, el miedo, puede olerse en la ciudad. Los ríos que rodean y cruzan a la ciudad son contaminados con especias de muerte. Y entonces Tecaztlipoca ordena el ataque: las hordas de guerreros malignos se lanzan contra la ciudad. En tan solo una hora las murallas ceden, y en la explanada principal los pocos defensores que quedan esperan la entrada del enemigo. De pronto, un haz de luz verde-azul hiere las tinieblas, aniquilándolas. La claridad del día vuelve, y a lo lejos aparece un ejército de hombres comandados por el rey sobreviviente de una pequeña ciudad destruida, quién logró reunir a todos los guerreros que quedaban de la Tierra Intermedia. El nombre del guerrero es Quetzalcoatl, y trae como escudo una serpiente emplumada. Porta una espada de Obsidiana y Jade, que recién le fue entregada por un grupo de sacerdotes. Estos sacerdotes son los que están enviando el haz de luz, desde las ruinas de una pequeña ciudad destruida llamada Teotihuacán. Quetzalcoatl, al mando de 20000 hombres ordena el ataque. Heridos y cegados por la luz, atacados por los ejércitos de Quetzalcoatl y de los defensores de Tres Zapotes, los guerreros del Shibalba confundidos empiezan a huir. Desesperado, Tecaztlipoca con un grupo de guerreros entra al templo principal de la ciudad y toma el polvo sagrado de maíz-quetzal, indispensable para iniciar el Quinto Sol. Sin este polvo, la ceremonia que los sacerdotes están llevando a cabo en Teotihuacán no complacerá a los dioses y no surgirá el Quinto Sol, destruyendo de este modo la Tierra Intermedia, significando el fin del hombre. Después de destruir al ejército del Shibalbá, Quetzalcoatl irrumpe en el templo, y Tecaztlipoca le grita que si lo mata él se tragará el polvo sagrado. Quetzalcoatl sabe que sin el polvo no hay posibilidad de vida, de modo que hace un trato con Tecaztlipoca: a cambio del polvo sagrado, se le permitirá a Tecatlipozca vivir, pero en el inframundo y jamás podrá salir de allí. Solamente se les permitirá vivir a algunos guerreros de la dinastía Jaguar en un templo en Uxmal, siempre bajo vigilancia del sacerdocio de la ciudad.

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