envidia

¡No temamos al qué dirán, es fútil!

Detrás de algunos tipos de conducta humana, se encuentra escondido un virus malicioso y letal, que tiene la indeseable virtud, si a eso se le puede llamar virtud; de enfermarnos y que además actúa como un gas paralizante, que nos inhibe del progreso en lo personal y generalmente a toda la sociedad. ¡La envidia! Definida por la RAE (Real Academia Española), como una emoción centrada en “el deseo de algo que no se posee”, sembrando tristeza y desdicha en nosotros al observar el “bien ajeno”.

La envidia es un sentimiento que surge en nosotros cuándo, hacemos las comparaciones más peregrinas con otras personas, llegando lastimosamente a la conclusión de que tienen “algo”, que nosotros anhelamos, allá dentro de nuestros pensamientos más escondidos. Es este pensamiento, que nos conduce a enfocarnos en nuestras deficiencias, las cuales se hacen más mortificantes en la medida que más nos regodeamos en ellas. Similar a como se crea el complejo de inferioridad. ¡Qué tara! el pensar que los demás tienen más que nosotros.

La envidia

Bajo el influjo del sentimiento más perverso que podamos abrigar; la envidia. Somos incapaces de apreciar el bienestar ajeno. En estas condiciones nos miramos reflejados en el estadio de nuestras frustraciones. En ese sentido somos incapaces de reconocer nuestro complejo de inferioridad. ¡Es tan doloroso hacerlo! Que optamos por canalizar nuestra insatisfacción, juzgando a las personas que han conseguido “ese” algo que envidiamos amargamente. Solo hace falta hacer un mínimo ejercicio de imaginación para encontrar causas que nos motiven a echarles defectos a los demás.

sin temor

El primer paso

El paso primordial, pasa por superar el complejo de Solomón (Solomón Asch distinguido psicólogo estadounidense), que consiste en comprender la necedad de molestarnos por lo que la gente piensa de nosotros. Si lo pensamos con detenimiento, tenemos miedo de destacar por miedo a lo que otras personas opinen de nosotros movidos por la envidia que les genera su complejo de inferioridad puedan, decir de nosotros para equilibrar sus carencias y sentirse mejor con ellos mismos.

¿Y que pasa con la envidia? ¿Cómo se supera? Es de una simpleza extraordinaria; dejando de sentirnos agredidos por el éxito ajeno, para comenzar a demostrar admiración y aprender de las cualidades y fortalezas, que por cierto han permitido a otros alcanzar sus metas. Sí bien lo que envidiamos nos frustra, lo que admiramos nos enaltece. En esencia porque aquello que nos empuja a admirar en los demás, empezamos a apreciarlo en nuestro interior.

Concluyendo expresamente; la envidia, es un sentimiento que nos revela los dones y talentos que aún tenemos por desarrollar. No deberíamos luchar contra lo externo, hagamos de ella una excusa para edificarnos en nuestro interior. Una vez superado colectivamente el complejo de Solomón, propiciaremos que cada uno aporte, de manera individual, lo mejor de cada quien a la sociedad.

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