Ese primer llanto y su carga que dejará huellas en el inconsciente para siempre. Un llanto de miedo quizá, o simplemente un reflejo para poder llenar los pulmones nuevos y arrancar en su máximo potencial un trabajo que durará toda una vida. Respirar es acaso un acto involuntario algo menos en lo que preocuparme en la maratón del día, algo que parece automático pero es mucho más que eso.

Es un proceso físico-químico fundamental para nuestra existencia y también resulta el puente sagrado entre el cuerpo y la mente, la prueba fehaciente de esa conexión con algo superior. Es la respiración acaso la llave para centrarnos en nosotros mismos cuando nos perdemos y tal vez la forma de respirar que tengamos nos defina mucho más de lo que imaginamos.

Algo tan sagrado como la respiración debería ser uno de los temas principales en las escuelas y el tema puede sonar hasta ridículo, pero no todos sabemos respirar. En realidad lo hacemos de manera involuntaria pero el proceso no solo nos ayuda a vivir nutriendo de oxígeno a nuestras células y luego desechando el dióxido de carbono, sino que tiene la capacidad de controlar la velocidad de nuestro ritmo en la vida.

En la cultura oriental la respiración ocupa un rol mucho más importante que en la occidental, aprender este arte es imprescindible para conocerse mejor y evolucionar.

Hoy en día en un mundo más globalizado, estas tradiciones llegan a todos lados y lo básico se vuelve misterioso, algo que parece sencillo se convierte en todo un arte.

El bebé lo recuerda muy bien pero al pasar los años las inhalaciones y las exhalaciones se vuelven menos profundas, más superficiales, donde se llega a llenar de manera mínima la capacidad pulmonar que se posee. Entonces lo extraño se vuelve rutina y lo incompleto, normal. Claro que acostumbrarse a respirar como debería ser no es fácil si ya estamos acostumbrados a hacerlo de otra manera. Es que por ese motivo es importante llevar este aprendizaje a las escuelas, porque mientras más niños aprendan a respirar correctamente, más adultos podrán normalizar una capacidad que tenemos olvidada y que nos cuesta tanto controlar.

Respirar para calmarse, para controlar el stress, para nutrirse mejor, para entender lo que parece incomprensible, para escuchar esa voz interna, para volver a uno mismo en un mundo tan externo y sobre todo para ir más despacio.

“ Camino lento, no te apresures, que a donde tienes que llegar es a ti mismo” (J. Ortega y Gasset)

La conexión con uno mismo

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