Amaneció nublado. La brisa del mar no entra por la ventana esta mañana… ¿Qué te quiero decir? No te mentiré, ya no sé fingir.

Anoche te ví. Quise llorar, pero no pude. Sentí celos y no porque digas “eres feliz”, sino por el hecho de que no supe brindarte lo que querías y, muy en el fondo, todavía ignoro lo que buscabas, pero ya lo imagino: Tu amor es somático y se mezcla en tus fantasías.

Quise llorar y mis lágrimas no brotaron de esta tristeza. Dices: “Soy feliz por haber hallado la persona indicada” y me suena tan trillado, pues, yo –también- la he buscado y cada día me convenzo de que tal no existe, hasta que dejo de soñar y acepto al ser que decida compartir sus días conmigo.

Te ví y entendí cosas que, quizá, hoy no entiendas y lamento entender las cosas de un modo distinto. Lo que llamo amor es somático (como tú), pero es hogareño y circunscrito a pequeñas cosas, teniendo un limitado presupuesto de prioridades ¡Eso comprendí en 20 años!

Hoy, retrospectivamente, si considerase volver contigo (en caso de que por ventura te acercaras) sería el mismo; con la desventaja de que ambos tenemos una currícula de aventuras, de desencantos, y sería otra carga con la que tendríamos que lidiar.

¿Quieres que te sea sincero? De algún modo te amo. Sé de tus vínculos. Sé poco de tu pasado amoroso y pesadillas he tenido para poderme recuperar desde que te perdí ¡Bien hiciste! Nunca me había asido de nadie de una forma tan obsesionada ¡Te mentí! Cuando decía que no te amaba, en realidad, trataba de ocultar el hecho de la verdadera significancia…

No sé si lo que dices hoy sea pura retórica. No voy a felicitarte y decir “Lo merecías”, sólo sé que, parte de mi fracaso se debe a un error muy simple (permíteme confesarlo): Al comenzar, cuando nos iniciábamos en nuestra relación, cometiste el error de buscar a otro y se besaron en una fiesta... ¡Me enteraron! Alguien que no me conocía actuó como una amiga y me alertó.

De allí, en adelante –pese a tu disculpa- creció un prejuicio y, lamentablemente,  ya yo estaba marcado por el desencanto. El resto de la historia, sólo es una reacción en cadena que terminó mal, para los dos.

Tardé años para sobreponerme. De hecho, miento si digo que no duele verte con otro, porque de alguna manera extraña te amé ¡a mi manera! Con mis errores, mismos que se proyectaron en otras personas y no podré cuantificar cuánto daño hice y sin saberlo…

¡Perdón! No sé qué es el amor, no sé una cantidad de cosas, pero sí sé lo que habría querido y sólo para mí (no te habría compartido, excepto con el espacio de nuestros hijos).

¿Sabe alguien qué es el amor?

Lo que yo conocí fue algo tan distinto y tú, por años, fuiste el ícono de mis referencias. En diversas etapas, porque no se es igual década a década, crecí con una ingenua idea de lo que debía ser, y me parezco a la idealización de esas películas que hablan de un amor que no termina y que, al final, es correspondido con el logro de esa persona de nuestros sueños…

¡No sueño contigo! Soy realista, medianamente. No sabría darte en la medida de tus expectativas y nada he cambiado, excepto por los años.

Hoy no celebraría el día de las madres, excepto para agradarte; pues, aunque no me gustan los convencionalismos de una tradición que no es mía, lo habría hecho si tus hijos fueran los míos... ¡Demasiado tarde!

Hoy no celebraría la navidad, si fuera diciembre; aunque -por tratarse de ti- habría aprendido a abrazarte (como solía hacerlo) celebrando mi navidad, pero todos los días, si hubiéramos seguido juntos…

¡Parece mentira!

Uno y varios errores ¿a dónde nos llevan? Una traición, un error de una niña de 16 con un “adulto” inmaduro ¿Cuánto mal se hacen?

¡Pero te amé! Sé qué sentí y mi vida ha sido de todo, menos lo que hube soñado contigo. De niño me figuraba una cosa, un mundo de ensueños y, cuando te conocí, comenzaba a construir mi mundo, pero sin las herramientas…

¡No debí insistir! Cada persona está en su propia búsqueda y en su meta de conquistas materiales y emocionales. No lo lamento, sólo que, de mirarte, no he llorado y no podré sacarte de mí…

Hay tantos convencionalismos en los que te decepcionaría, sin embargo, fue mi error no haberte luchado; aunque haya cosas que nunca hubiera podido dar. Si es cierto –eso que tus palabras publican- entonces, realmente, ¡Sé feliz! Es un trabajo que debemos individualmente procurarnos… En cuanto a mí, de alguna forma, te amé.

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