muerte laboral anunciada

Dentro de pocos meses cumpliré 50 años y la verdad, me encuentro muy feliz.

Anímicamente, contento. Salud, la de un roble. Corazón, de treintañero porque como siempre digo "tengo 30 años pero aparento 49". Sentimentalmente, estoy en los mejores años de mi vida, y eso sin utilizar la famosa pastillita azul. Amigos, incontables, no cabrían en un disco duro de 1.000 millones de gigas o más. Y económicamente no nos vamos a engañar: normal, como dicen en mi tierra: "no es para tirar cohetes".

Tengo un piso normalito, mi coche, mis salidas, mis viajes, mi trabajo ¡STOP! Aquí es donde quería llegar. ¡Ay, mi trabajo! Dichosa fuente de mi vida, de mi inspiración, llave de todo lo que he conseguido… Jesusito de mi vida que no me lo quiten por muchos, muchos años. Prometo ir a misa o como mínimo, pasar delante de una iglesia, o de más de una… ¿Sí? buff gracias, porque en caso contrario, es decir, en caso de quedarme sin trabajo al borde de los 50, ello supondría mi muerte laboral anunciada. Sí señores, tal y como lo digo y lo escribo: MUERTE LABORAL ANUNCIADA

Nosotros, los que somos de la quinta del 59, 60 y 61 lo hemos pasado bastante crudo: años de dictadura, de transición, de democracia, inflaciones, crisis, huelgas generales… aunque todo no ha sido gris. También hemos estrenado nuestro derecho a voto a los 18 años, hemos disfrutado de nuestras películas "S" y hasta "X", hemos tenido nuestra propia música, estudios, informática, Internet… recuerdo cuando se le llamaba Ibertex, con módem de 300 baudios tipo V.21, comunicación full dúplex…, en fin, hemos contribuido al bienestar general innovando, interesándonos por nuestro trabajo, buscando en otros confines nuevos conceptos que descubrir, conocimientos, ideas, formas, estilos… con el fin de mejorar el mundo y conseguir lo que hoy tenemos.

Pero ahora que voy a cumplir los 50 la historia de Bamby llega a su fin para dar paso a la Viernes 13 (10ª parte), porque a los de nuestra quinta, en caso de quedarnos sin empleo se nos trata como abuelos, viejos y obsoletos, un lastre que no sirve laboralmente en un mundo impuesto por una generación a la que nosotros mismos hemos enseñado, educado, instruido, pulido, creado y ayudado.

Esta nueva generación es la que decide mi valía y mi caducidad, y la que dictamina las reglas en las que vivimos. Y yo me pregunto: ¿quién le ha dado ese don divino? ¿Ese poder? En qué parámetros se basan para determinar mi aptitud y mi capacidad de aporte laboral en un mundo en el que crecer es equivalente a morir.

Recuerdo que de niño solíamos aprender de los mayores, de sus habilidades, sus secretos, su sabiduría, su "savoir faire" como dicen los franceses. Aquí os dejo un pedazo de mi pensamiento para que alguien juzgue lo escrito, lo critique y opine… al fin y al cabo, vivimos en un estado de democracia y de libertad de expresión para las que yo como cincuentón, en mi pequeña medida he contribuido.

En fin, tengo 50 años, me siento muy satisfecho y orgulloso de ello y como digo, ¡MIS 50 AÑOS Y YO NOS LLEVAMOS DE MIEDO!

Con corazón, para toda esa gente de 45 a 67 años que lo padece, no sólo lo observa.

José Torres

Talentblog

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