Suicidio

"EL SUICIDIO"

(EL SUICIDIO - UN BREVE RELATO)

 

Era viernes por la tarde. Llevaba días sin saber nada de su novio. Ni una llamada, ningún mensaje. Preocupada, por la falta de noticias, decidió acudir a su casa con la esperanza de obtener respuestas. Luego, comenzó a atar cabos, una vez dentro de su domicilio.

Había encontrado el cuerpo sin vida de Pepe, su novio, tendido en su cama. Inmóvil, pálido y frío. Al lado, en su mesita de noche, la caja vacía de las pastillas que se había tomado para suicidarse y, junto a ella, una carta de despedida. Alicia, su novia, quien había encontrado a su novio, la cogió y comenzó a leerla en voz alta:

“Mi vida había sido un sufrimiento continuo desde que nací y mi cuerpo una cárcel que me atormentaba a diario. Mi padre maltrataba a mi madre, mientras ella se sumergía en el alcohol como única escapada. Cuando comencé el colegio, conocí el maltrato físico y psicológico a través del bullying al cual me sometían los compañeros. Mis antecedentes sufridos durante la infancia me habían marcado de por vida y mi vida de adulto no iba a ser mejor. Mi aislamiento personal por la incapacidad de socializarme, hacer amigos y la depresión se agravaban cada vez más, a pesar de haber pedido ayuda a los facultativos. Las terapias psicológicas y la medicación prescrita por mi psiquiatra solamente servían de parche para tapar toda la negatividad que llevaba dentro. Pero, no conseguían ni motivarme para llevar un futuro mejor, ni borrar los recuerdos de mi pasado. La única salida posible que vi para poner fin a todo mi sufrimiento, era acabar con mi vida. Por tanto, cuando lean esta carta, mi decisión ya se ha convertido en un hecho irreversible. Pido disculpas por todo el daño que puedo haber causado con mi presencia y en mi ausencia. Quiero aprovechar esta carta para despedirme de todas aquellas personas que me han querido, amado y cuidado de mi de alguna manera…”

Alicia no pudo contener sus lágrimas mientras leía la nota de despedida. No le quedaba más que organizar el entierro para que Pepe pueda, al fin, descansar en paz. No obstante, pronto tuvo que darse cuenta que esto no iba a pasar. Aun viviendo en una democracia, parece que las leyes son tan absurdas que no nos permiten tomar nuestras propias decisiones como aquella de poner fin a nuestra vida. ¡Esto ha sido un suicidio en toda regla! Igual que la eutanasia, la muerte en todas sus vertientes debe ser castigada. Pero, ¿a quién se va a castigar? ¿Ha fallecido por homicidio?

El médico forense no tardó en acudir para levantar el cadáver y llevárselo para realizar una autopsia. Había que determinar si se trataba de un homicidio o un suicidio. ¿Quién era realmente culpable de dicha muerte? Una vez más, el único culpable era Pepe, por haber nacido, sufrido, y, sobre todo, no haber aguantado las desgracias que le tocó vivir. Aún después de haber buscado su propia liberación, fue inculpado y señalado para seguir sufriendo. Se llegó a celebrar un juicio. El acusado, Pep, por haber practicado EL SUICIDIO, a pesar de estar prohibida dicha ejecución. Hoy, se juzga a un muerto. Ya estaba muerto en vida. Ahora, su cuerpo descansa; pero, ¿y su alma?

El Juez dictaminó su sentencia. Le negó a Pepe el derecho de ser enterrado para descansar en paz. El cuerpo fue llevado dentro de su ataúd a una cárcel especial donde se disponía a encerrar literalmente a todos los fallecidos por suicidio. Allí, debía de permanecer durante cinco años después de los cuales se le permitía a los familiares a enterrarlo, por fin. Mientras, se le negaba cualquier visita al difunto para recordar su memoria.

Que descanse en paz, cuando cumpla su condena.

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