Cuenta la leyenda que el mundo onírico nació del deseo más profundo de los corazones, de aquello que deseaban alcanzar y su condición física los retenía como apresados por recios grilletes. No se sabe cuándo, ni cómo, poco se conserva de aquel tiempo que incluso para el mismo reloj de la existencia es viejo. Todo son fragmentos de un recuerdo que hace mucho se perdió.

Se decía que antes cuando las personas dormían no sucedía nada, simplemente se alertagaban hasta tal punto que parecía una pseudo-muerte. Era un lapso de tiempo en el que para ellos el tiempo dejaba de existir aunque siguiera corriendo, era el reflejo del descanso eterno.

Pero en algún momento, todo comenzó a cambiar, cuando el amor pobló los corazones de los seres humanos comenzaron a aparecer los deseos, los anhelos, las esperanzas. Había un joven que se enamoró de una chica de su tribu, bella como la luz del alba, preciosa como una puesta de sol, dulce como el cantar de los pajaros en mitad del bosque. En su corazón se despertó un sentimiento del que nadie tenía conocimiento y al que nadie sabía dar respuesta por el momento.

Hizo lo imposible, lo inimaginable para explicarle lo que sentía por ella, lo que llevaba dentro e intentaba demostrarle a diario. Pero ella aún no había conseguido que su corazón avanzara al siguiente estadio. Se mantuvo fría, cortés pero si dejarse llevar por lo que él le enseñaba. El chico mientras tanto la agasajó con los más variopintos obsequios, le escribió pergaminos de "amor", le enseñó las maravillas del mundo; sin embargo, no consiguió su corazón.

Un día una tribu vecina asaltó la aldea en busca de féminas para expandir su propia tribu. En la refriega cuando fueron a por la chica, el joven se interpuso ante los asaltantes y dió muerte a varios de ellos en defensa de la chica, pero el coste fue demasiado alto. Dió su vida por aquella chica a la que amaba, entregó lo único que no había entregado hasta el momento.

La chica cuando lo vio yacer inerte sobre el suelo resbalaron las lágrimas por sus mejillas, una punzada en su pecho y estómago le hicieron doblarse y gritar de puro sufrimiento. Un sentimiento se abrió paso en su corazón, un sentimiento entremezclado entre otros. Demasiado tarde había compredido lo que es amar de verdad. Ya no había vuelta atrás, lo había perdido y no se podía recuperar. Demasiado tarde. Demasiado.

Desde entonces se dice que amar significa dar la vida por quien amas, es dar todo lo que tienes y eres por un amor sincero. Es entregar tu vida por aquella persona a quien quieres sin importarte lo demás y ese amor pocos son capaces de dar.

Desde aquel momento la joven deseo, deseo con todo su ser, anhelo, rogó, imploró poder volver a quien la había amado así, a quien le había ofrecido su propia vida. Y cada noche cuando se echaba en el lecho comenzaba a soñar, a imaginar las manos de él acariciándole el rostro suavemente, sus palabras de amor dichas al oido en apenas un susurro, y el sentimiento reflejado en sus ojos. No deseaba volver a la realidad, asumir la perdida, sentir que había dejado pasar la oportunidad del amor; y llegó el momento en el que no despertó.

Cada vez que se sumergía en sus sueños iba construyendo los andamios del mundo onírico, era la arquitecta de la realidad de sus sueños. Así nació el mundo de los sueños, en el que ella se refugió para no olvidar ese amor y sentirlo a diaro cada día junto a su corazón.

 Esta es la leyenda, mito o fantasía que aún se conserva, quién sabe, quizás sea una parte de nuestro presente que ignoramos constantemente. Cada uno que saque sus propias respuestas. No sueñes con dar la vida por quien amas, dásela, entrégasela, dile lo que siente por él o ella, no dejes que el tiempo te quite la oportunidad. Déjate llevar por tu corazón, sigue adelante y si así lo sientes di el más bello y sincero "te amo" que se pueda decir, no dejes que los sueños sempiternos sean tu realidad. Vive el amor con toda la intensidad del alma, de una manera sincera y pura que ni el tiempo consiga borrar su magnificencia.

 Quiero coger ese testigo que dejó la leyenda y hacerlo mio, entregar la vida por amor, darla de forma desinteresada y conocer el amor de verdad, vivirlo y sentirlo. Deseo ofrecer todo lo que soy y seré, y cada mejor para hacerte sentir la más amada y la más feliz.

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