Soñar..., soñar..., soñar. Estar en este mundo, el mismo hecho de estar en él, demuestra que una grande función cada uno de nosotros debe consumar; pero por factores diversos muchos nos sentimos perdidos individualmente dentro de sí mismo: no sabemos qué hacer y no encontramos sentido al hecho de estar aquí. Las cosas se nos presentan difíciles y, en el mejor de los casos, nos sentimos descorazonados; ¿cómo no va a ser difícil algo que no entendemos?, ¿cómo no va a ser difícil todo aquello que ni sabemos que existe?, ¿cómo no va a ser difícil si sólo sabemos de limitaciones y de muy finitos pensamientos?. Si bien mucho soñar no es saludable, ayuda en un principio; ¡que sueñen los enamorados!; ¡que sueñen los pequeñines!; ¡que sueñen los soñadores!. Soñar embriaga de anhelos y de muchos “¡qué bello sería!”; idealizar mentaliza de proyectos y concreciones materializadoras. No obstante, soñar, sin quedarse soñando lejos, actúa de trampolín impulsor hacia la idealización. Entre todas las personas de sanos sentimientos y pensamientos, ¿quién no ha soñado, sueña o soñará, con un mundo nuevo?, ¿quién no ha soñado, sueña o soñará, con que toda la gente se ame y se respete?, ¿quién no ha soñado, sueña o soñará, con que no mueran niños de hambre y mengua en todo el mundo?, ¿quién no ha soñado, sueña o soñará, con que en el mundo no haya armas y que la vida en él sea de verdadera plena libertad?, ¿quién no ha soñado, sueña o soñará, con que, para poder ser felices, sea feliz toda la humanidad?. No es lo mismo soñar con un amor platónico (los enamorados, reales o potenciales), no es lo mismo soñar con el juguete preferido (los pequeñines), no es lo mismo soñar con “flores”, “estrellas”, “pajaritos”... (¡serán..., poetas???); nada de eso es lo mismo que soñar con un mundo nuevo, soñando que este en que vivimos deje de ser y, encerrándolo en un quisiera, no sabiendo cómo el nuevo mundo sería. Si sólo cualquier edificación requiere de diseño, planificación y desarrollo, que se acerquen cada vez lo más posible a la perfección ¿qué no requiere la magna trasformación que dé de fruto un mundo nuevo positivo?; no requiere sueños. No requiere sueños porque requiere de todos gran iniciativa, creatividad, sabiduría, aptitud, y amor purificante que garantice alta conciencia individual perenne; Un mundo onírico nunca podrá más que quedar en alucinación; tarde o temprano sólo puede dejar en sus soñadores el sabor amargo del desengaño (y a veces el no menos amargo que produce resentimientos). Sí, soñar no cuesta nada, por eso hay que evitar que cueste mucho; soñar es como un grato licor, que no por grato hay que exceder su ingesta, pues, porque el disfrute se puede volver mínimo aguda jaqueca. Soñar es hermoso ¡¡claro que sí!!; con moderación nos robustece y nos muestra las bellezas que nos rodean. El mejor sueño es todo aquel que, no alejándonos mucho de la realidad, nos permite interactuar con nuestro interior para condicionarnos y crecer; así puede ir llegando el amor y la sabiduría.
Sueña... pero sueña siempre sabiendo cómo, cuándo y porqué, se iniciará tu idealización... Levanta pronto, dentro de ti, los asideros que te darán soporte para ayudar a construir la humanidad perfecta que, aunque en el tiempo largo ya no estés, tu existencia también es por ella y su perfección.

 

Noooooo!!!; la felicidad no está al alcance de un sueño: está al alcance de la idealización por la cual precisamente ha de ser cambiado, porque el sueño no lo puedes encontrar para cambiar tú. No es buscar sueños y encontrarlos, eso es irreal, real es mediante el sueño encontrar la idea; real es idealizar y materializar esa idea que del sueño tuvo que nacer.

 

“Sueña”, hermosa canción de Luis Miguel, ¡cuánto deja para reflexionar!, ¡cuánta belleza, dulzura y esperanza transmite!; por eso aquí la dejo en un bonito video. ¡Disfrútenla!.

 

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