Mi marido dice que soy celosa, mi madre dice que soy celosa, mis amigas dicen que soy celosa. ¿Seré celosa? me pregunto. Los celos están presentes en toda persona. Unas personas seremos más celosas y otras personas lo serán menos, pero todos sentimos celos cuando vemos a nuestra pareja hablando con lo que yo llamo competidoras.

Los celos siempre estuvieron muy presentes en mi vida. De pequeña sentía celos cuando mi madre cogía en brazos a otros niños. Me horrorizaba que los considerará mejores que yo. No quiero contaros lo que sentí cuando mi primer novio, un niño de la guardería, se hizo amiguito de la niña pecosa que yo consideraba horrible. ¿Cómo la prefería a ella? No lo entendía. Me miraba al espejo y me sentía bellísima en comparación con aquella gordita de mofletes manchados con nocilla.

Siguieron estando presentes los celos en mi etapa adulta. Casi mato a un novio que me dejo. menos mal que no me dejó por otra. Le hice la vida imposible durante meses hasta que encontré al siguiente y me volví a enamorar. No me gusta que me dejen. Sí, tengo que reconocer que soy celosa. Afortuandamente, los años y las experiencias vitales me ayudaron a controlar mis celos. He dejado de ser una monopolizadora del amor.

Hoy en día los celos ya no son mucho problema para mí. No me importa que mi marido baile con otra mujer o hable con sus compañeras de trabajo. Yo también bailo con otros y hasta chateo en páginas como Meetic con otros. Es una manera como otra para no obsesionarte con el marido que te puede dejar, igual que el primer novio de la guardería te cambió por la niña de los mofletes manchados con chocolate cremoso.

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