Con el capítulo 11 de los Dos mundos comienzo el 2017. Deseándoles MUCHA SALUD A TODOS

¿Recuerdan el polémico debate que recorría la mente de Natalia? ¿Madre o hijo? ¿Qué habrá definido? Ahora sabremos.

 

 

Entre ambos, Natalia y Félix, decidieron que lo más inteligente y práctico sería dar a luz al «bebé» para después partir en busca de la madre de Natalia. Del «niño» se encargaría en Consejo; que lo estudiaría al máximo. Pero Natalia tampoco estaba dispuesta a entregar de esa manera a su hijo.

— ¡Tenemos que encontrar algún mortinato que lo cuide mientras yo no esté! Recuerda que no tiene padre —prácticamente le exigía la joven a Félix.

Félix siempre fue amante de enfrentar problemas, pero después de recoger a Jonder del mundo de los vivos solo había tenido que enfrentar uno, que no acababa… ¡Ahora encontrar un mortinato que cuidara de ese «niño», cuya llegada no era bien vista por el Consejo!

Comenzó a repasar todos los trasladados por él durante sus misiones y recordó a Julio, un muchacho de fuerte carácter que como único punto de arrepentimiento por haber nacido muerto siempre le señalaba la imposibilidad de tener un hijo. Julio tendría ahora unos veintitrés años. Y Félix no dudó en llamarlo.

— ¡Por supuesto! —respondió el joven sin dudarlo—. Vayan en busca de su madre que yo le prometo a ella que al regreso su hijo estará sano y salvo.

Esa misma noche ubicaron la cafetería y prepararon el salto.

Tiempo en realidad no tenían mucho y por eso fueron directo a la puerta de acceso al cementerio. Cruzaron y, ¡tamaña sorpresa! La madre de Natalia los esperaba:

—Yo sabía que vendrías por mi —comentó sollozando y al mismo tiempo abrazando a su hija.

Félix intentó hablar, pero la reacción de la mujer fue inmediata y antes del cierre del portal, con sendo empujón, los colocó de nuevo en la cafetería: ella también saltó en el instante preciso porque ya llegaban varios difuntos a atraparla.

El camarero los miró sorprendido, las mozas de servicio también. Todos eran muertos autorizados a estar en el mundo de los vivos «cazando» posibles víctimas dentro de los comensales.

—Escapemos rápido —dijo la madre de Natalia—. Debe existir un lugar, una dimensión, un mundo donde podamos estar tranquilos.

Félix intentó hablar, pero Natalia lo detuvo:

— ¡Yo no puedo abandonar a mi hijo! ¿Acaso tú me abandonaste?

La sorpresa invadió el rostro de la mujer. Y la alegría.

Dos mundos

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