Este blanco animal, cuando vive en libertad en las selvas de Asia y Europa cuida con gran celo la limpieza de su piel y evita de forma sorprendente manchar su blancura bajo ningún concepto. Cuentan los cazadores de armiños que tapan la entrada de su madriguera con barro sucio y oscuro y cuando llega el animal perseguido por los perros no hace nada para apartar el barro que mancharía su inmaculada blancura y se enfrenta a los perros en una lucha suicida en la que siempre sale perdiendo antes de ensuciar su piel. 

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Los armiños son algo mayores que las comadrejas y se alimentan de ratas, topos, ratones, lagartos, conejos, etc. Sus costumbres son nocturnas y desde el atardecer hasta que amanece se dedican a cazar todo lo que se mueve pues tienen un buen olfato y un oído muy fino y son capaces de cazar hasta las ratas de agua cuando estas intentan salir. Su cuerpo es muy flexible por lo que se pueden introducir en cualquier madriguera de conejos siempre que quepa su cabeza para comerse las crías.

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El color del armiño, en verano es pardo-marrón con el vientre blanco pero llegando el invierno se va blanqueando y acaba totalmente blanco menos la punta de la cola que es negra durante todo el tiempo, esto le permite cuando hay una nevada pasar desapercibido para otros depredadores enemigos. La hembras paren una vez al año de 6 a 12 o más crías que nacen ciegos y sin pelo por lo que permaneces con la madre entre 10 o 12 semanas que es cuando empiezan a salir a cazar con ella.

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Algunos de estos blancos animales terminan en las sucias jaulas de las industrias que surten a los peleteros y se vuelven totalmente locos caminando en círculos manchados de excrementos y con heridas. Los armiños, así como los visones o chinchillas, son animales inteligentes que han nacido para ser libres por eso al sentirse enjaulados enloquecen y se atacan entre si mutilándose con graves heridas antes de morir electrocutados de forma que les produce una lenta agonía. Difícil es que escapen al destino de tener una piel muy apreciada por gentes adineradas que la lucirán en chaquetones o abrigos y de esta forma el armiño, el animal que prefiere morir antes de manchar su blanca piel, sucumbe ante una sociedad amante del lujo y cada día más cruel.

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