Sonreir ante todo, pase lo que pase.

A veces es fácil, otras no y lo desaconsejable es sonreir sin sentir.

Se presenta desde el primer momento de nuestra existencia mediante estímulos paternales. Abrimos nuestros ojitos con asombro y con barbujeos sonreímos a quienes tiernamente nos observa. Es nuestra primera emoción, curioso.

Puede ser que en la etapa de la niñez y juventud es cuando más auténticamente la usamos: una grande, única y natural sonrisa que invade todo nuestro universo, libre, despreocupada y llena de energía. Quizás también el amor, aliado eterno, se manifiesta con asiduidad en tan bello período que engrandece aún más la hermosa sonrisa reflejo seguro de nuestro yo, de nuestra verdadera alma.

Y así crecemos, utilizándola siempre que podemos: en el cumpleaños, la navidad, los viajes, encuentros, objetivos alcanzados... y también en los malos momentos. Cuando no podemos sonreir siempre está la mano amiga que te da ánimos, calor, ternura, consuelo... y en cuestión de horas o días vuelves a recuparla y del pasado triste sólo te quedas con los buenos momentos. Suficiente para sonreir y mirar al futuro con ilusión y valentía. 

Pero, cuando somos como somos, cuando sabemos lo que queremos, entendemos lo bueno de lo malo ¿qué pasa con nuestra amiga la sonrisa? por qué no la utilizamos como siempre ¿la hemos perdido? 

No es bueno dar la espalda a la sonrisa. Relegarla a un puesto insignificante, junto a las cosas del ayer; al olvido cotidiano. No es bueno sustituirla por la istriónica carcajada, efímera pasajera acompañada de predisposición otras veces de copas, drogas y "tontos lelos" para ser testigo del burdo espectáculo de las miserias de lo ajeno. Creo que en muchos de los casos refleja lo vacíos que estamos.

Yo, cuando la pierdo, suelo buscarla en aquellos que la poseen. Portadores inconscientes de la sonrisa, la alegría, la felicidad condimentos indispensables del bienestar, suelen estar en lugares insospechados: cuando saludas a quien no conoces, sedes el paso al conductor desconocido, das una limosna al mendigo, propina al camarero, cedes la vez a quien poco lleva en el "super" o ayudas a coger algo a la anciana, hablas bien de los logros ajenos, al niño pequeño que te mira en el ascensor o a quien escribe o publica contenidos positivos en la red. En todos ellos está la ansiada, vital y contagiosa sonrisa.

Por mi parte, con este manifiesto, descargo algo de esta joya para quienes por un motivo u otro están serios y han olvidado lo bonito, grandioso y sano que aroja una simple sonrisa.

Sonrisa universal

Comparte este Goo:

¿Tiene contenido inapropiado?

Comparte este goo con un amigo: