A todos nos gusta soñar, ¿pero que tan beneficioso es?, para poder responder considero que es necesario identificar sus momentos en dos estados, el primero involuntario cuando dormimos y en el tiempo de duración, protagonizamos o presenciamos toda una película, en muchas ocasiones en espacios y con personajes totalmente desconocidos, con argumentos agradables de los que no quisiéramos despertar o catastróficos con las pesadillas, premonitorios que corroboramos al despertar en el ejercicio rutinario de nuestra vida o sencillamente a los que no le encontramos explicación racional, ahora bien, según los expertos generalmente todos soñamos, pero como no nos tomamos unos minutos para despertar correctamente por el acelere en que vivimos donde todo es contra el tiempo, no los recordamos, el segundo voluntario cuando tratamos de construir situaciones ideales de felicidad, y tal vez en este estado es donde se puede analizar mucho mejor la pregunta que nos concita, todos los inventos que de alguna manera han servido para mejorar nuestra calidad de vida o para empeorarla de acuerdo al prisma con que los veamos, han sido producto de los que se atrevieron a soñar y con oposición o no, sortearon todas las dificultades que se les presentaron, muchos mueren sin hacer realidad sus sueños, muchos no vivimos al perseguir un sueño aparentemente irrealizable, recibiendo frases de los que nos rodean o evalúan nuestras ideas, como: “siga soñando y no trabaje y verá?, ¿aterrice que eso no se puede?, ?deje de soñar hombre que usted está muy viejo para que pierda el tiempo con esas tonterías?, ¿y los más optimistas insista, persista más no desista?, ¿es beneficioso entonces soñar?, en el primer estado generalmente no tenemos control por ser involuntario, se nos presenta y no podemos apagar el sistema de encendido, posiblemente al juzgar por los expertos, con ejercicios apropiados podemos dormir profundamente sin tener sueños, en mi opinión tarea difícil de lograr por el solo hecho de estar vivos, ahora bien es beneficioso cuando sus argumentos son agradables, un torrente de energía positiva nos es inyectado y emocionalmente nos motiva con vigor, las pesadillas todo lo contrario, ojala no las tuviéramos, delicioso poderlas desterrar para siempre, tal vez , se me ocurre en este momento que con la paz espiritual a través de la oración o con el ejercicios de yoga se puedan desterrar, en el caso del segundo estado de sueño voluntario, me voy apropiar sin posesión de una frase de un querido y recordado profesor de la comunidad contable colombiana: “sueñe pero en el momento apropiado tenga la valentía de renunciar a los resultados frustrados”, éste querido profesor nos explicaba su frase con el caso de la infidelidad de nuestra pareja: ¿si usted ve a su esposa, novia o amiga, con otro, siga como sí nada, no era con ellas que iba a construir su vida, tenga la valentía de renunciar al resultado logrado, dele gracias a dios de lo que lo está librando, guiándolo por el camino correcto” , por supuesto las diversas reacciones de los compañeros no se hicieron esperar: “como se le ocurre que nos están poniendo los cachos y nos vamos a quedar tan tranquilos”, y en general los conceptos eran de reproches, llegando los más duros a insinuar brotes de violencia, teoría difícil de digerir por nuestra formación de posesión tanto machista como feminista, solo los avanzados espíritus la podían asimilar, rezagándonos a los terrestres a la posición primitiva de comportamiento de rechazo isofacto, pero allá en la soledad de la noche mientras esperamos el dulce sueño reparador y de descanso, sabíamos que el profesor tenia razón, y de nosotros dependía madurar, llegando a la serenidad de acción al tener la conciencia tranquila, sintetizando soñar es bueno porque vale la pena correr el riesgo de participar en la película apropiada y de atrevernos a creer que podemos hacer del mundo algo mejor.

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