Innumerables las personas que se piensan…

Son innumerables las personas que se piensan que los demás tienen la obligación de solucionar o cargar con sus percances. Liberarlos de sus problemas o en su defecto de cargar con sus dificultades, sus responsabilidades, porque hay un vínculo afectivo entre ambos (as). Con el agravante de no poner ningún esfuerzo propio para lograrlo, manipulando los sentimientos y afectos de los cuales gozan por parte de los demás que sucintamente cargan con su comodidad, sus obligaciones, propio de quienes se resisten a madurar, crecer, para asumir las obligaciones de su adultez. ¿Es justa esta presunción de su parte?

reciprocidad

Amparando familiares inmaduros

En ese sentido, hay personas que se recrean con la idea de que amar lleva implícito, como algo obligado, el condonar sus sueños, tranquilidad y hasta su personalidad a fin de complacer y por ende seguir amparando a sus familiares inmaduros, impulsados por ese condicionamiento adquirido durante su formación en la niñez. A todas estas, con la carga negativa de terminar convertidos en víctimas existenciales y del comportamiento abusivo de sus seres queridos.

Por descarte, en algún momento podemos encontrarnos reos de una situación de esta naturaleza, sin perder de vista que el esfuerzo que hagas para prestarle ayuda a una persona de estas condiciones, seguramente este resultará más negativo que positivo, siendo que; el desgaste mental, físico, y emocional que sufras, impedirá que el otro (a), asuma su responsabilidad como adulto, asumiendo sus propias experiencias, mejorando así sus condiciones de vida. Con el agregado de que terminarás siendo culpable de su infelicidad y bienestar, sino consigue su objetivo, procurándose la justificación de su dependencia contigo.

Por cierto; dar debe ser una acción natural e incondicional. En el sentido de que; se trata de dar lo mejor de nosotros sin esperar recompensa alguna. Sin embargo para ello hay que establecer límites para que esto no nos conduzca a ser víctimas de aquellos que quieren sacar provecho de nuestra buena intención y afecto. Nuestra responsabilidad es establecer el hasta donde y hasta cuándo.

Las relaciones humanas resultan el símil de una carretera de doble vía, por lo que es necesario aprender a dar y recibir. Debe ser de manera desinteresada, pero, de forma consciente con la debida proporción. La reciprocidad y el respeto por lo que recibimos de las otras personas, nos ayudan a agradecer y reconocer la voluntad, el esfuerzo, de los demás por complacernos, apoyarnos, creando así una relación interactiva, asertiva.

Ese aprendizaje implica entre otras cosas, dar sin esperar nada a cambio, pero; al apoyar o ayudar a otra persona que no los ha requerido, debe mostrar que está dispuesta a recibir sin que esto se convierta en una carga pesada u obligación para nosotros. Cuándo se da de forma desinteresada, limpia, es seguro que inmediatamente recibiremos una satisfacción que se convierte en entusiasmo, vitalidad, alegría. Es como cuándo nos llenamos internamente de abundancia y prosperidad.

Por Gerag

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