Somos seres sensibles, conscientes

Cuando nos calificamos como seres sensibles, esto lo que quiere decir es que somos conscientes. El significado más literal y amplio es que tenemos percepción sensorial. Los pliegues dactilares sirven para detectar el calor frío dolor o cualquier otro sentimiento.

Para entender, tenemos que usar la cabeza, es decir, la mente. En general, se piensa en la mente como algo localizado en la cabeza, pero los hallazgos en psicología sugieren que la mente no reside necesariamente en el cerebro sino que viaja por todo el cuerpo en caravanas de hormonas y enzimas, ocupadas en dar sentido a esas complejas maravillas que catalogamos como tacto, gusto, olfato, oído y visión: Los cinco sentidos.

El tacto pertenece al sistema sensorial cuya influencia es difícil de aislar o eliminar. Un ser humano puede vivir a pesar de ser ciego, sordo y carecer de los sentidos del gusto y el olfato, pero le es imposible sobrevivir sin las funciones que desempeña la piel. El tacto afecta a todo el organismo, así como a la cultura en medio de la cual éste vive y a los individuos con los que se pone en contacto.

En muchos sentidos el tacto es difícil de investigar. Todos los demás sentidos tienen un órgano clave que puede ser estudiado; para el tacto, ese órgano es la piel, y se extiende por todo el cuerpo.

el tacto

Es necesario que entendamos

Es necesario entender que todo lo que tocamos cambia indefectiblemente nuestra manera de pensar, según se desprende de una investigación publicada en el más reciente número de la de la revista Science. En una serie de seis experimentos en los que intervenía el sentido del tacto, Científicos de las Universidades de Harvard y Yale y el Instituto MIT, han comprobado cómo, este sentido, que es el primero que adquieren los bebés, condiciona los procesos cognitivos y las actitudes sociales.

Una de las pruebas consistió en comprobar cómo actuaban varias personas durante una negociación sobre el precio de un coche nuevo. Los psicólogos concluyeron que, aquellos que estaban sentados en sillas rígidas eran menos flexibles a la hora de modificar su postura que aquellos acomodados en asientos mullidos o con cojines.

En otro experimento, algunos participantes sujetaron una manta suave y otros un bloque de madera mientras le contaban una historia ambigua, ambientada en un entorno laboral entre un empleado y su supervisor. A la hora de valorar la actuación del empleado, los que sujetaban el bloque de madera le consideraron más rígido y estricto.

puzles

Además, para medir los efectos de las distintas texturas, los sujetos tuvieron que completar puzles antes de oír una historia sobre una interacción social. Las piezas de algunos puzles (rompecabezas), tenían un aspecto áspero y la de los otros eran suaves. Aquellos que habían hecho el puzle áspero fueron más propensos a describir la situación narrada como dura. Por otra parte los que manejaban piezas suaves tendían a describirse a sí mismo cómo más sociables y cooperativos.

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