Ella partiría, esperando que él no la soltara, aunque finalmente, siempre parecía que era lo que él quería desde ese Junio. Ella esperaba un último lance, por descubrir el amor con él; un amor camuflado en los miedos, las comodidades, la muerte diaria; esa que se ocasiona de a pocos, casi sin notarse, al preferir no arriesgarse con alguien, lo que se confunde pobremente con un bastión de libertad.

Ella le decía:

-No somos cualquier alguien, ¿has pensado en lo difícil de encontrar en esta selva inhóspita, lo que somos juntos?. 

De una manera poderosa, él sintió perderla, no sabía aún porque le costaba tanto, si tantas veces lo permitió sin dudarlo, sin sujetarla. Ahora de pronto, se reinventaba como un vendaval dulce, con aires de otras tierras, promesas de disolución, olores silvestres; tal vez, como los del poema.

-No quiero que te vayas, pero me pides lo que no tengo.

-Acaso, ¿ no es eso siempre el amor?, dijo ella convencida.

ELLA la luna, él el sol, en un universo en el que el Creador permitió su encuentro, cada noche, cada madrugada, de tanto en tanto; lo suficiente para cuidar del caos funcional, a la creación misma.

Sol y luna se funden, cuando todos duermen, ignorantes de la batalla sideral que se lidia, creyendo que  tal vez, la noche había tomado al mundo.

Se pertenecen con la complicidad de las estrellas, que se han acostumbrado a entonar melodias celestiales y vibrar al compas de los amantes. El sol de a pocos la diluye, la vence con rayos que la invaden, momento en el que él se desangra, como un guerrero épico en la batalla que define su vida, y que temeroso pero arrojado, conquista la de ella.

El sol no habla el lenguaje audible de la luna, por lo que él ruega con súplicas viscerales, el favor eterno de que sus rayos sean caricias de manos perdidas, manos que ahora se configuran contemplando a la LUNA, llenándose de ella para brillar, aunque se atempere el mundo.

El mundo sigue su rotación, tranquila, fiel, normal.

La luna acompaña al sol, ella invisible; abandona la oscuridad que la rodea, se ve llena de la luz que ilumina a tantos, que inspira las letras de tantos poetas. Ella lo alimenta con sus pechos, sus pliegues, su lenguaje, para que reine candente, con versos de guerrero, en el imperio de los muertos.

El mundo oscurece en la noche, la luna ha sido robada, ella se fundió al sol.

La luna fue robada

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