Sobre la soja

El inicio de cada estación va unido a la ilusión por batir un nuevo record en la dieta. Intentamos conseguir la meta que se obtiene de encontrar alimentos que sustituyan a los conocidos por todos pero que nos permitan a la vez equilibrar nuestra salud mejorando nuestras defensas. Es el caso de las virtudes que se le están reconociendo a la SOJA. La disminución de los niveles de colesterol o la prevención del cáncer son sólo algunas de sus propiedades conocidas.

En sus orígenes era usada como abono, permitiendo que las semillas crecieran controladamente y evitando que los animales se las llegaran a comer. Pero alrededor de los beneficios tan habituales que se han dado a conocer existe información acerca de cómo la soja parece perjudicar la salud de forma exhaustiva.

La soja se ha reconocido como uno de los alimentos con más proporción de ser susceptible de provocar alergia. Está compuesta por goitrogenos, elementos que perjudican a la glándula tiroides; oxalatos, que dificultan la síntesis del calcio y ayudan a la formación de cólicos nefríticos; saponinas, que a largo plazo interfieren en la digestión provocando irritación en la pared del intestino; isoflavonoides, que sustituyen a las hormonas y confunden al sistema nervioso.

Comúnmente hemos aceptado que la cultura oriental sobrevive gracias al consumo de arroz y soja, fundamentalmente. Creemos que, al igual que en América las dietas se basan en carne, los asiáticos conforman un tipo de alimentación que los hace menos susceptibles de contraer enfermedades. Pues bien, está reconocido que la población oriental incluye entre sus platos componentes que provienen del cereal y el alga, pero no es verdad que la soja forme parte de sus recursos, no en la misma proporción que el miso o el tofú. Aún así la prevención de enfermedades que supuestamente viene ligada a la soja hace que nos preguntemos por qué en Japón, por ejemplo, encontramos índices de enfermedad tan altos en cáncer de estómago o hígado.

Los consumos de soja en Oriente tampoco son tan excesivos, la abundancia de ésta y las creencias en torno a la fama que la precede han hecho evolucionar la industria y sus componentes son utilizados ya indiscriminadamente en cualquier tipo de cocina tradicional. Alimentos consagrados han hecho saltar la voz de alarma al venderse como auténticos milagros a favor de una dieta saludable. Se utiliza una proteína hidrolizada para obtener cantidades ingentes con residuos de soja, que se transfieren a los alimentos para habituar su sabor y darle mayor consistencia. Esta fabricación incluye derivados del petróleo.

Es posible conseguir un cuerpo sano por medios saludables evitando protagonizar una cruzada con determinado tipo de ocurrencias alimenticias que surgen como una moda. Los países que exportan determinadas soluciones no comulgan con el ejemplo en sus territorios y no convence el examinar un producto tratado como un bien común después de demostrar abiertamente el déficit en salud que comporta.

En niños está contraindicado por su contenido en metales como el cadmio o aluminio. Conviene preservar a nuestros hijos de altos niveles de minerales que a largo plazo puedan ocasionarles un riesgo.

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