Sleipnir, un caballo con ocho patas

Sleipnir, un caballo con ocho patas

Sleipnir, un caballo con ocho patas

Sleipnir, un caballo con ocho patas

Sleipnir, un caballo con ocho patas

SLEIPNIR, UN CABALLO CON OCHO PATAS .

En la mitología escandinava, Sleipnir o Sleipner es un caballo con ocho patas, de color gris, con runas en los dientes y el poder de desplazarse por los nueve mundos; hijo de Loki y Svadilfari, perteneciente a Odín.

Representa los ocho vientos provenientes de los puntos cardinales, manifestando la asombrosa capacidad de trasladarse a los extremos del horizonte a una velocidad casi imperceptible, convirtiéndose – por sus características--, en el mejor de los caballos.

La historia de este poderoso corcel, se remonta al tiempo en que Asgard carecía de murallas que la protegieran de sus enemigos y esta situación causaba intranquilidad a los dioses, hasta el momento en que apareció un jinete que se ofreció para construir una muralla que pondría al reino fuera de cualquier amenaza, en tan sólo dieciséis meses, si a cambio le entregaban por esposa a la diosa Freya y le obsequiaban el Sol y la Luna.

Los dioses se enfurecieron y hubieran expulsado de Asgard a ese hombre por ofender de tal modo a Freya, de no haber intervenido Loki, el dios del fuego.

Loki aceptó la condición del constructor, si éste concluía la obra en seis meses y el trato se concretó, mientras el astuto dios convencía a los demás de que en ese tiempo estaría terminada sólo la mitad de la fortaleza.

El constructor miró a Freya, que derramaba lágrimas de oro y pidió le permitieran utilizar su caballo en la difícil tarea, realizada con tal facilidad, que en invierno había arrastrado casi la totalidad de piedras necesarias para levantar el muro; pero todo ello se debía a la intervención del caballo Svadilfari.

Al aproximarse el verano, los dioses comenzaban a temer la derrota, pues la edificación estaba casi lista.

Odín reprochó a Loki su insensatez y dejó en sus manos la búsqueda de una solución al problema, pues jamás permitiría que Freya cayera en manos del albañil, en quien percibía a un gigante disfrazado. Además, sin el Sol y la Luna, la vida se extinguiría.

Loki – por su parte--, había notado que el punto débil del extranjero era su caballo, ya que sin él, le sería imposible transportar las piedras que faltaban para acabar la muralla.

El dios del fuego tenía la facultad de cambiar de forma y aquella noche -–convertido en una hermosa yegua--, atrajo la atención de Svadilfari, el caballo del intruso, provocando que le siguiera.

Al darse cuenta de que no terminaría a tiempo su trabajo, el enemigo montó en cólera, revelando su verdadera identidad. Como Odín sospechaba, era un gigante. Thor, hijo del dios, fue al encuentro del falso albañil, a quien derrotó con la ayuda de su martillo Mjölnir.

En cuanto Loki tuvo la certeza de que el peligro había pasado, regresó a Asgard, preñado como yegua y dio a luz al poderoso Sleipnir, un caballo con ocho patas, capaz de cabalgar por tierra, agua y aire, que obsequió a Odín en desagravio por su imprudencia.

Sleipnir tenía la habilidad de llegar al inframundo y retornar a Asgard y siempre fue leal a su amo Odín.

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