El niño vive en un ambiente muy estable dentro de la placenta, flotando en el líquido amniótico y unido a su madre por el cordón umbilical. A través de este cordón, la madre proporciona al niño los nutrientes necesarios para su desarrollo, pero al ser este transporte realizado por vía sanguínea, cualquier sustancia nociva ingerida o producida por la madre, también será transmitida al pequeño, provocando en muchos casos la aparición de anomalías.

Circunstancias potencialmente perjudiciales

Durante el período de gestación, las principales sustancias que pueden resultar peligrosas para desarrollo del feto son las siguientes:

- Exposición repetida a rayos X

- Teratógenos (agente capaz de producir anomalías a causa de enfermedades de la madre)

- Consumo de medicamentos sin prescripción médica durante el embarazo

- Consumo de cualquier tipo de droga, blanda o dura.

- Exposición repetida a determinados productos químicos, como insecticidas.

- Insuficiencia alimentaria de la madre, que puede ocasionar un estado de desnutrición al niño.

- Estar expuesta a situaciones de estrés intenso.

 

Todas estas circunstancias son especialmente perjudiciales para el feto durante el primer mes de gestación y condicionan no sólo el desarrollo físico del niño, sino también su desarrollo cognitivo y emocional.

Cómo actuar si el bebé puede haber sido expuesto a alguno de estos peligros

Si la madre sospecha que su hijo puede haber sido expuesto a alguno de los riesgos que se han mencionado con anterioridad, lo primero que debe hacer es acudir a su médico para solicitar asesoría genética.

Las técnicas que se emplean para analizar el estado del feto son el ultrasonido, la amniocentesis y el muestreo del vello coriónico.

Una vez que la madre conoce el estado del bebé deberá seguir las directrices del médico para ayudar al feto a desarrollarse de la forma más normal posible y optar por la medicina fetal o terapia génica si es necesario.

No obstante, para evitar los peligros que tienen las circunstancias descritas para los bebés, la mejor forma de actuar es la prevención. Una madre sana tendrá siempre más posibilidades de dar a luz a un bebé sano, así como una persona saludable corre un menor riesgo de sufrir una enfermedad coronaria.

 

 

 

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