Caminos

Mientras el viejo salía de la casa de su nieto

El joven iba a la de sus padres

El uno saludaba; el otro decía adiós

Cuando cruzaban caminos.

 

El Bar

Una noche donde las puntas del secreto de escamas palpitan entre cielos arcanos donde la espesa niebla y la soledad amparan los caminos donde el tiempo incrustado en sus huellas, escapa al ritmo sin fin, como lo hace la cura del desamparado y el frio vertido se funde con el mísero recuerdo en el presagio, secas, las asimilaciones se camuflan con el entorno, reproduciéndose sin contenerse a una definición arrojándose sus retazos, cada uno a la espera frente a un poder que no puede pasar a la acción.

  • ¿Eres de los que cree en la revolución? Dijo mientras apoyaba su vaso sobre la barra
  • ¿Al costo de la vida? pregunto de vuelta mientras miraba las botellas reposadas en el escaparate del bar tapando al fondo un espejo.
  • ¿Qué más íbamos a entregar? Ya lo dimos todo. Respondía el primero.
  • ¿Acaso te estorba la hora cuando miserables las condolencias callan siendo una junto al silencio de la noche? ¿Es esa tu muerte en vida? respondía retóricamente el segundo.

 

El Sabio y el Niño

Los viejos muros de la habitación aplacaban los grillos y al silbar del viento donde sacudiendo las hojas de los árboles en la obscuridad acudía a los restos del rojo ahogándose en la ceniza de una vieja fogata a las afueras, donde volaban sus trozos a la brisa clamandolos como pequeños luceros que rugían imitando a las luciérnagas en la pradera. Dentro, la penumbra bailaba al ton de un velón posado al lado de una taza de té exhalando vapor, sobre una mesa mientras subía con él, humo de una pipa larga de madera y con los ojos cerrados un anciano la fumaba, meciéndose en su silla.

  • ¿Qué más sabes? Le preguntaba el niño al sabio.
  • No sé mucho tampoco se poco, no sé cuánto se o si se algo en absoluto, a veces la verdad nos persigue e entre nuestras meditaciones como un tapete de Bienvenida cuando insistimos en atravesarlos llegando a algo más que una sentencia, a veces encontramos un sentido de creación junto a nuestras verdades, incluso como una necesidad como lo hace mi te cuando se riega porque he servido mucho, hasta arbitrariamente cual viajero que la encuentra en su cantimplora que nunca lo abandonó. Si dijera que no sé, habría expectativa frente a la incertidumbre misma de saber y estar seguro de no conocer, no se sabe reconocer el azar antes de que la ¿moneda está en el aire? Incluso de que podría no ser lanzada o no caer. Afirmo
  • Hablas muy aburrido, le respondía el niño.
  • ¿Quieres galletas? le preguntaba el sabio.

Acontecimientos, Historias y Situaciones: Caminos, El Sabio y el Niño, El Bar

El uno saludaba; el otro decía adiós ¿Quieres galletas? le preguntaba el sabio.

¿Qué más íbamos a entregar? El Bar

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