Mi compañía me destinó junto a un grupo de ejecutivos a comercializar unos Condominios en la costa. Una tarde de ellas, al llegar luego de mi jornada de trabajo, veo que están reunidos discutiendo sobre qué hacer con un perrito que se había protegido en nuestro jardín.

 

Me pusieron al tanto de la situación, diciéndome que: estaba muy enfermo… que tenía tiña muy avanzada. Y que lo mejor que podría hacerse era sacrificarlo para su bien. Para que no siguiera sufriendo. Ya que era un perrito abandonado y además gravemente enfermo. Que daba mucha pena verlo en esas condiciones. Que probablemente tenía dueños, porque tenía collar, pero debido a su enfermedad, lo habrían abandonado. Luego de todo esto, fui a ver donde se encontraba este perrito.

Efectivamente, ya ni siquiera se podía poner de pie; tenía su cuerpo escariado y apenas pudo levantar su cabeza para mirarme. Mirada que penetró en mi alma. Una mirada inocente, una mirada de querer decir… no se por qué me sucede esto… Una mirada con el dolor más inmenso que el dolor de su cuerpo…, el de haber sido abandonado por quien el consideraba su ser más amado. Quizás con una mirada de resignación y a la espera de morir.

¿Qué hacer? ¿Dejarlo abandonado a su suerte y continuar mi camino? Imposible, después de su mirada.

Llamé a un veterinario (afortunadamente contaba con los medios necesarios para poder cancelar los honorarios del profesional). Me dijo que existían dos posibilidades de tratamiento: 5 baños químicos y el otro consistía en 5 inyecciones, una semanal.

La dificultad que surgió es que regresábamos al día sub siguiente a la casa matriz. Pensé por unos instantes y le consulté al veterinario si el podía comprometerse a venir a esta casa y aunque no hubiese gente, que pasara al jardín para ponerle la inyección. Y que yo le dejaba 100% cancelado el tratamiento. Acto seguido, hice un cheque y se comprometió a hacerlo.

Inmediatamente le puso la primera inyección, amarrándole el hocico. El perrito no tenía fuerzas ni para resistirse. Sólo me miraba…

Al día siguiente, cuando regresaba de noche, me sorprendí al ver que el perrito salió corriendo a recibirme, moviendo desenfrenadamente su colita, tanto así que incluso me mostraba sus dientes, como riéndose. Se me llenaron los ojos de lágrimas, tal como ahora cuando recuerdo y escribo esto para ti.

Esto que ocurrió me confirmó que aún hoy en día, existimos personas confiadas y también personas honestas, puesto que supe al poco tiempo, a través de la administradora de la renta de casas, que el perrito estaba mejorando, ya que el veterinario acudió todos los viernes hasta terminar el tratamiento.

Que al perrito le llamaron Benji, como el de la película. Era de esa raza, le creció un muy buen pelaje y se había transformado en el regalón de la vecindad. Jugaba con los niños hasta que un día se lo “robaron” por lindo. Deseo pensar que no se lo robaron, como me dijeron, sino que un niño le pidió a su padre que viviera con ellos. “Benji” tuvo un nuevo hogar de amor.

Comparte este Goo:

¿Tiene contenido inapropiado?

Comparte este goo con un amigo: