Nuestro sistema tributario, a pesar de las aparentes buenas intenciones de ser más equitativo entre ricos y pobres, por el contrario amplio la brecha de desigualdades contributivas.

Los asalariados y los trabajadores independientes siguen sin serles  aceptados, las deducciones por sostenimiento personal, es decir lo mínimo para sobrevivir a saber: alimento y vestido por lo menos.

Un principio universal de tributación, es que se generen gastos necesarios para la generación de ingresos, según esto, no es necesario el alimento ni el vestido como mínimo, para poder generar ingresos.

La brillante idea es que los del salario mínimo no tributen, pero si ha lugar que se les retenga en ciertos casos, pago anticipado del impuesto a la renta, con la nueva legislación a diciembre de 2.012, se brinda la posibilidad de recuperar dicha retención declarando voluntariamente.

La pregunta maliciosa que surge en un país malicioso, es ¿Cuáles son las verdaderas intenciones ofreciendo dicha gabela?, ¿será que lo que se quiere es ampliar el universo de declarantes, amarrándolos con dicha condición a través de un código difícil de retirar, para una nueva reforma tributaria?

La nueva reforma tributaria promulgada en Colombia en diciembre de 2.012, es un enredo de la madona, si los expertos tributarios les ha costado trabajo entenderla, que se dirá de los humildes contribuyentes.

Términos como cree (contribución económica para la equidad), iman (impuesto mínimo alternativo nacional), imas (impuesto mínimo alternativo solidario), impuesto al consumo, nacieron en el nuevo vocabulario tributario.

El cree pretende que ciertas personas jurídicas y personas naturales no coticen al sistema de salud y de bienestar social en un monto del 14, 5 %, pero en contraprestación lo deben hacer en un 9 % de sus utilidades por tres años y luego un 8 %, para coadyuvar con presupuesto nacional a sus sostenimiento.

La idea es con esto generar más empleo, amanecerá y veremos, medidas similares en años atrás, no han generado absolutamente nada.

Los empresarios con sus equipos de asesores financieros solo piensan y pensaran en minimizar costos y gastos, maximizar utilidades, por eso vivimos igualmente desde años atrás, procesos de fusiones y reducciones de planta, con resultados de masivos despidos, aumentando el desempleo y la informalidad.

En la actualidad múltiples decretos son expedidos con premura, unos corrigiendo a los otros, para tratar de aclarar lo legislado por nuestros honorables congresistas.

Millones de conceptos emitidos por nuestros expertos tributaritas, inundan los periódicos y revistas virtuales y en papel, creando aún mayor confusión entre la población colombiana.

Es muy posible que las “intenciones  de nuestros legisladores sean muy altruistas”, pero de la carrera no queda sino el cansancio, en gran parte dicha reforma fue aprobada a pupitrazo limpio (golpe en el escritorio).

De igual manera todos los cambios propuestos cogieron a la dirección de impuestos (entidad recaudadora y sancionadora de los impuestos nacionales) sin ninguna preparación, dando numerosos pasos en falso en su plataforma operativa.

Me pregunto con toda humildad en el papel de un contribuyente del común, con poca capacitación tributaria, ¿es muy difícil ser sencillo al legislar?, ¿antes de complicar las cosas, no se pueden simplificar?

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