Uno de los mayores problemas que afrontamos en la actualidad en Colombia, es concebir un sistema de salud consistente y sostenible, donde la inclusión sea el principio razonable que le dé continuidad en el tiempo.

Los intentos generacionales han fallado por el desconocimiento esencialmente del pensamiento cultural, que debe regir el funcionamiento de todo sistema, los intereses deben ser integrados a una sostenibilidad en el tiempo.

En el pasado el argumento que dio origen a un intento de cambio que duró veinte años aproximadamente, era el despilfarro de los recursos por parte de los actores del sistema, administradores y usuarios finales.

En el presente el argumento no es muy distinto y se puede sintetizar en el abuso del sistema por todos los comprometidos en su funcionamiento, con el agravante de un deterioro en la calidad de vida de los ciudadanos.

Un sistema, en pocas palabras es un montaje con todos los requerimientos de funcionamiento, donde necesariamente se requiere estudios previos que respondan al que, para que y como.

En Colombia tenemos un sistema de salud que da la sensación que los estudios previos, se quedaron cortos en algunos de los interrogantes de formulación, fenómeno que ha causado la imperiosa necesidad de revaluarlo.

Por estos días cursa en el congreso de la republica una reforma a la salud, con mucha insatisfacción en su articulado, por parte de la comunidad médica y de los usuarios en general.

La insatisfacción radica que en no se corrigen de raíz los males del sistema actual, en donde la sostenibilidad financiera no se vislumbra, quedando la enorme duda de quién asumirá las cuantiosas deudas existentes.

De igual manera que diferente papel desarrollaran realmente las empresas promotoras de salud a la luz de la nueva legislación, las acusaciones para las mismas en el presente, es su poca capacidad de sostenibilidad de un buen servicio al usuario final, en medio de todas las dificultades internas y externas que las acompañan.

En el pasado el sistema en manos en un 100% del estado, presentaba las dificultades propias de un mal administrador, condenado a las presiones políticas de los varones electorales de todas las comarcas.

En el presente parece que de alguna forma se quiere volver al pasado, al concentrar en manos del gobierno central el manejo financiero, desde su captación hasta su distribución, creando dudas de preparación para tan enorme empresa.

Por otro lado da la sensación de estar creándose un engendro incalculable, al pretender convertir las empresas prestadoras de salud actual, en gestoras que encaminen los servicios por las redes de atención, en asocio a su papel de auditoras previo al pago por el organismo central.

La comunidad médica y las organizaciones de usuarios vislumbran igualmente un gran peligro en la llamada integración vertical, las gestoras propietarias de los hospitales y las clínicas, que en la actualidad ha causado el problema de inversión de los dineros de la salud en infraestructura subutilizada.

La integración vertical ha hecho del sistema una disminución de flujo de caja para lo netamente relacionado con el servicio, agravado con las altas deudas igualmente vertical, el estado no le gira a las empresas prestadoras de los servicios, éstas a su vez no le giran a los hospitales, y éstos últimos no le pagan a los proveedores.

En pocas palabras estos son los problemas coyunturales del sistema de salud en Colombia, faltando citar que el mayor problema estructural son los hombres que dirigen el sistema y nosotros los consumidores finales del servicio.

Cometer el error de enfrascarnos en descargar la culpa en el otro, no soluciona nada, lo que debemos es facilitar el consenso de las partes implicadas en busca del sistema apropiado.

Todo sistema puede funcionar sí los hombres somos correctos en su manejo, las leyes no pueden cambiar de la noche a la mañana el comportamiento humano de insolidaridad y deshonestidad.

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