Silvio Rodríguez, el poeta-cantor nacional de Cuba

Silvio Rodríguez: “el cantautor cubano, uno de los fundadores del movimiento La Nueva Trova, uno de los principales representantes de la Nueva Canción Latinoamericana o Canción Protesta”; son de esos repetitivos epítetos que han marcado a Silvio en su larga trayectoria.

Sin embargo, ninguno de esos calificativos describe con justeza la magnitud de esa figura artística. Advierto que quien escribe estas notas no es un especialista en temas musicales, es simplemente un apasionado seguidor de Silvio desde hace décadas. Un testigo más de su grandeza desde los tiempos en que en toda Latinoamérica se llenaban los estadios para escucharlo.

“A donde van las palabras que no se quedaron,

A donde van las miradas que un día partieron

Acaso flotan eternas como prisioneras de un ventarrón

O se acurrucan entre las hendijas buscando calor…”

Hemos visto crecer en el tiempo una obra de arte de elevada calidad poética y rigor musical. Las canciones de Silvio Rodríguez llevan el influjo de la poesía vanguardista, de los giros geniales de Cesar Vallejo; juegan con el imaginario del surrealismo, son bellamente martianas. Hay tanto colorido en sus textos que recuerdan a pintores de diversas corrientes.

Silvio es la poesía que se hace acompañar de los buenos acordes de una guitarra; es la melodía en función de una poética, es la poética convertida en ritmo; ritmicidad que que alude a los guitarristas bardos, a los guitarristas de la vieja trova; ritmicidad que no cesa de incorporar elementos, sonoridades cubanas y universales.

“Solo el amor alumbra lo que perdura,

Solo el amor convierte en milagro el barro…

Solo el amor engendra la maravilla

Solo el amor consigue encender lo muerto”.

La historia del mundo vibra en sus letras; hay en ellas una rica referencia a sucesos históricos y a figuras políticas o héroes: Martin Luther King, Ignacio Agramonte, Sandino, Bolívar, Teté Puebla, El Che, Víctor Jara, Abel Santamaría, Martí. Sin embargo, sus CANCIONES jamás fueron panfletarias, pese a su comprometimiento con la realidad.

Incluso no se olvida Silvio de los seres anónimos, de los seres sin nombre, de los que en la vida personal no alcanzaron el triunfo, como el humilde vendedor de tirapiedras y papalotes de su infancia o aquel otro borracho que duerme en los parques de cualquier pueblo.

“Quién lo ayuda ir al cielo, por favor,

Quién puede asegurarle la otra vida,

Apiádense del hombre que no tuvo

Ni hijo, ni árbol, ni libro”.

Hemos aprendido a admirar al Silvio revolucionario, que en los más difíciles momentos de la patria lanzó al aire su canto de reafirmación “El necio”; que a la vez fue canto de fuerza para un pueblo que comenzaba a transitar por un periodo económico crítico; además, hemos aprendido a admirar al Silvio martiano que con el tema valiente “Canción de harapos” se puso al lado de los que menos tienen y enfrentó tendencias sociales dañinas.

La obra de Silvio Rodríguez no solo refleja la Historia, sino que la vive, y de cierta forma incide sobre ella. Los luchadores chilenos en la clandestinidad cantaban “Pequeña serenata diurna”, los cinco héroes cubanos durante el injusto presidio en los Estados Unidos, convirtieron la canción “El dulce abismo” en himno de nostalgia y de esperanza; el estreno de su tema “Ala de colibrí” durante un aniversario del héroe de la patria José Martí, fue todo un acontecimiento nacional.

“…más de una mano en lo oscuro me conforta,

y más de un paso siento marchar conmigo,

pero si no tuviera no importa,

sé que hay muertos que alumbran los caminos”.

Pocos artistas hay que logran enlazar tan orgánicamente los tópicos. Silvio magistralmente en una misma canción aborda lo social, lo histórico y lo íntimo. Sus canciones tienen la belleza poética que no logran alcanzar las baladas de amor contemporáneas. Qué lástima que la música banal y absurda de estos tiempos se apoderó de las masas.

SILVIO RODRÍGUEZ sigue siendo fiel a la ética que plasma su obra, y sigue cantando sus viejas canciones que nunca son viejas; y sigue creando las nuevas canciones que ameritan los tiempos. Y va con su canto como un Orfeo legítimo a los barrios recónditos de la isla; y los seres que habitan en los suburbios, los mal llamados marginales, cantan con el bardo esas canciones-poemas que forman ya parte del patrimonio cultural.

Si el cantautor norteamericano Bob Dylan mereció el premio Nobel de Literatura, me arriesgo a imaginar que nuestro Silvio bien pudiera merecer al menos la categoría, inexistente aún, de poeta-cantor nacional de Cuba; aunque en el alma de generaciones varias, pudiese palpitar la certeza de que Silvio Rodríguez sea nuestro POETA NACIONAL.

Amada, supón que me voy lejos,

Tan lejos que olvidaré mi nombre.

Amada quizás soy otro hombre

Más alto y menos viejo

Que espera por sí mismo,

Allá lejos, allá trepando el dulce abismo.

Amada, supón que no hay remedio,

Remedio es todo lo que intento;

Amada, toma este pensamiento,

Colócalo en el centro de todo el egoísmo,

Y ve que no hay ausencia para el dulce abismo.

Amada, supón que en el olvido

La noche me deja prisionero,

Amada, habrá un lucero nuevo

Que no estará vencido,

de luz y optimismo,

Y habrá un sinfín latente para el dulce abismo.

Amada, la claridad me cerca,

Yo parto, tu guardarás el huerto;

Amada, regresaré despierto

Otra mañana terca de música y lirismo,

Regresaré del sol que alumbra el dulce abismo.

 

                                                                          Nota final: Gracias, Silvio, por aportarle tanto a mi generación.

Silvio Rodríguez, el poeta-cantor nacional de Cuba

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