¡Mi silencio me atormenta como un murmullo!

¡Mi silencio me atormenta! A veces es como un susurro, como un murmullo, un torrente, que va creciendo hasta convertirse en un volcán que ruge dentro de mi cabeza. Se transforma más bien en una avalancha de añoranzas y recuerdos, añoranzas del pasado y recuerdos ahora tristes, luego suaves como motas de algodón o de una delicada piel de mujer perdida allá lejos en mis recuerdos-

—Decía antes mi silencio. Otras veces no es en singular, se pluralizan en un cúmulo de variedad multicolor emocional, que conmueven las fibras más escondidas de mi intimidad, que van y vienen, se acercan y se alejan, haciendo y borrando huellas. Huellas que no son tangibles ni sensibles al tacto, son nubes difuminadas en mi mente, dejando signos intangibles e invisibles que solo puedo adivinar por intuición.

—De tantas cosas de esta madeja sin palabras- silencios- extraigo como tomado por los cabellos una manifestación vaporosa de la que fue mi amor más preciado- Laura se llamaba- sino la más preciada, ella- me dejó una huella impactante, en su momento conmovió todos aquellas detalles llenos de sensibilidad que creía no tener o por lo menos no los había sentido nunca, o sospechar su existencia- Laura- No era una mujer bonita en el sentido literal de la palabra- ¡Sí, una mujer con un encanto especial, una personalidad atractiva y, unos ojazos color de miel, que por asociación me parecían un símil de los ojos de las abejas!

—Sigo sumergido, ahogándome en mis silencios que no tienen palabras articuladas, son como destellos de luz azul que se expresan mejor que las mismas en su oralidad sonora- Recuerdo nítidamente su voz suave, levemente grave pronunciar mi nombre con la dulzura que le era tan suya-

silencio

—Carlos amor, me da gusto tenerte tan cerca, con tus brazos a mi rededor, sintiendo como late tu corazón junto al mío, tu cuerpo, tu calor...

—Y así proseguía arrullándome con su voz susurrante, hablándome al oído- Nuestro amor tenía ese encanto de la sencillez, de las personas seguras de lo que quieren, donde va implícito el deseo, la pasión, sin ser avasallante ni arrebatada- Ese sosiego nace indudablemente de amar y ser correspondidos, de la fidelidad de los sentimientos y, del respeto que propicia el amor- Me rebullo molesto en la butaca donde me encuentro arrellanado. Me siento entumecido, tenso, trato de reacomodarme buscando una posición más cómoda, confortable. Tenía sed, pero me daba pereza levantarme en busca de un vaso con agua- Suspiro- Ya me siento mejor

—Regreso a mis silencios de añoranzas y recuerdos. ¡Ha! ya recuerdo. Donde me había quedado, rememorando el trozo de mi vida en pareja con Laura. Una relación muy vital y estimulante, que tantas cosas hicimos juntos, momentos hubo, como en toda pareja que las cosas no iban tan bien pero; siempre encontrábamos el equilibrio necesario para recomponer nuestra relación. Lo cual contribuía a fortalecer nuestra unión y seguir haciendo vida en común con más integridad, con lazos más fuertes.

—Más adelante la vida nos tendió una celada- Eran tiempos de mayor regocijo y felicidad, todo nos sonreía, la relación había madurado como el buen vino- Laura exhibía en su mirada- esa tranquilidad que produce la seguridad, la tranquilidad, y el amor- ese algo que se transmite a través del éter que se siente pero no se ve, que todos percibimos instintivamente desde nuestro corazón.

Imponderables eventos sin control

—Los imponderables son aquellos eventos, sobre los que no tienes control. Cuando ellos se manifiestan y arrastran connotaciones negativas, sus efectos son devastadores, nos dejan desarmados, inermes, ante las circunstancias.

—Era noche cerrada. Cuando llegué a la casa, encontré una nota pegada a la puerta del refrigerador- Carlos -decía- Voy a casa de mi madre, estaré de vuelta a eso de las 9pm, te amo, Laura. Automáticamente miro mi reloj pulsera- Son las 8,45 pm. Me sirvo un vaso mediado de licor me acomodo en una butaca y prendo la tele- Al rato miro el reloj, son las 9,20 y Laura aun no llega- Raro, ella generalmente es puntual- Llamo desde el celular a su madre- Hola Ana, Laura aún está contigo- Carlos hace una hora que se marchó, tranquilo a lo mejor es el tráfico- Bien Ana hasta luego, cuando llegue te llamo, adiós-

—Me sentía intranquilo preocupado. Suena el timbre de la puerta de entrada- pego un salto en la butaca y voy apresuradamente a la puerta, es un policía- Buenas noches es usted el señor Carlos Ba…, si dígame- Lamento ser mensajero de malas noticias señor […] Su esposa ha sufrido un accidente de tránsito fatal y…

—Las lágrimas y la emoción me ahogaban en ese momento aciago de mi vida- Aún hoy no puedo contener el llanto, ya no quiero pensar más. Perdónenme

Por Gerag

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