Aquí en el silencio

A la horda súbita de una candela sublime, a la tenue ronda de una débil vela que el relieve lima. Al rugir de una llama ejerciendo figuras amorfas.

En el repentino crujir de un madero carbonizado volaron las cenizas al viento, como pequeños luceros imitando a las luciérnagas en la oscura pradera de la cual el era libre de asumir que sería apresado como la brisa que sacudía los arboles lo hace con el aire, pero es aquí donde estaba, sacudiéndose con el carbón a la corriente, jugando a las llaves, donde la tembladera se confunde con baile y tímida a carcajada tapada chilla, revolcándose a soplos mientras vibra el reflejo de la sombra con la candela. Seguía al borde de la carretera, que a fuente de cemento, le vestía una máscara de corteza de árbol con tanta agua y tanta vida como el mismo, del cristal opalescente y colores fingidos a otro segundo que se voltea hacia atrás actuando a solas en la oscuridad junto al más allá.

Pues en la peor tiniebla cataclísmica, este tornado de avanzares que gira sobre sí mismo se trunca a niebla llevando su luz hacia afuera.

Seguía con el insomnio que se derrama en tinta con su viejo cuaderno que le regalaron.

”La nada es nada, todo hueco tiene un fondo, todo sueño es algo, el no saber es reconocer la ignorancia, el no escoger es dar cabida a la opción donde no se opta, un desorden es un orden que no alcanza a ser tomado por el entendimiento, lo que es orden para una persona puede no serlo para otra.”

La decisión que toma la tierra acudiendo a su cómplice, floreciente que escoge libremente sus fines esculpiendo con aquellas palabras rehenes del paraíso que no existió de recuerdos mascados por el olvido entre sabores inalcanzables, disparos perforantes halados desde el tiempo que no transcurrió, suerte de vaivén, de un lado a otro, en el destino como lo hoja que a cantaros se lleva la corriente; quizá al alcantarillado, quizá al mar, en la llovizna, frente al espejismo puro, pesando con lo sucedido la balanza que grita el canto dulce a la locura en familiar caminar de crudo silencio entre palmas apretadas, de uñas trémulas agarrándose a arañazos que carroñeros pesares aplacan los tonos hacia los sollozos y negros latidos, al correr tras la pista de un reloj efímero en consumación de agazapo ante esqueléticos recuerdos vagando.

“El universo avanza hacia algo que hace de alfombra a la continuidad, el olvido no es morir y volver a nacer en práctica hacia la experiencia que se escapa momentáneamente del conocer pues el vacío en la sucesiones que viajan al futuro dejándolo atrás están ocupadas por las posibilidades que tornándose a eventos e historia, sean habilitados en las diversas ocasiones que serán llamadas espacio y tiempo en cuya esencia, humanamente, nos procuramos en encaminar plantándonos libremente frente a un deambular propuesto desde el existir, pues incluso cambiando, se mantienen los recuerdos que hacen el notar la diferencia, vibrando en una eyección hacia el futuro.”

Aquí en el silencio

A su lado un retazo de espejo quebrado, un eco que dejo el tiempo devolvía arrugas y una barba.

Mientras truenos estáticos refractaban en su correr el instante y lo dividían en ilusiones utópicas a su estallar, cual cincel carcomiendo en su dorado entretejer, siluetas, en cortezas interminables de umbrales donde los mundos efervescentes aclaman su eterna libertad, dejando a su canon, un paraíso resquebrajado de corazones latentes frente al fuego que en su cauce de vicisitudes plasma sus sombras que bailan según su invento de vivir, escogido como penumbra. Viendo entre destellos su figura allí sentado. Mientras comía de una lata. En el pasado que lo persigue tanto como el futuro se le escapaba.

“Entendiéndose lo inexistente desde lo existente, lo innombrable desde las palabras en cuyo compactar limiten con el significado una membrana accesible al conocimiento por la repetición y la novedad, dándole la respectiva cabida a la intuición que distingue entre los fenómenos comprensibles; la percepción de un recuerdo puede cambiar pero el recuerdo, en si, no lo puede hacer.”

Hijo del sol que bate el verde entre marmitas donde el amor bulle saltando la neblina que en marco arriba a la pintura, en fiebre de retoñante de orquídea al aire. Mientras salía a cantar con la luna a dicha de mili segundo. Que en un juego de “tú las traes”, 24 horas se sacudía en su viveza. ¿Qué hay de malo en tomar el callejón?

“Cada cartel de “se busca” asume un lugar entonces el entendimiento gira alrededor de la percepción que se elabora desde lo existente hacia lo inexistente y no en viceversa debido pues a la experiencia que solo puede confiar en si para hacer el entendimiento. Auto destruyéndose y construyéndose constantemente frente a la isla de la nada que se repliega y extiende con la marea del conocimiento pues debería entonces crecer tan rápido y constante el saber cómo lo hace el universo para reflejar en su totalidad en el propio ser, la tonalidad y aristas de matices contenidas en el, donde no habría cabida a aprendizaje alguno.”

Aquí en el silencio

En una tierra sin el hombre, sin historias ni libertades, sin proyectos, conocimiento, y sin la nada: todo sería lo que ya es y no habría algún tipo de transformación en la materia ni en las totalizaciones históricas y aunque no habría “la nada”, no habría nada, pues no habría alguien que pudiera llamar "algo" a cosa alguna. En algún lugar debemos estar. Hasta que viene la contrabandista del intrigo gracia y sosiego con su “esto pasará también”, donde las llamas se moldean como el agua para seguir soñando a que se duerme.

“Ya fui al fondo de cada botella y estaban vacíos, ya surqué los mares y volví a encontrar tierra, ya conté estrellas, escuché música y volví a empezar. La canilla vuelve al río, el espíritu vuelve a casa, dormí otra noche y volvió a amanecer, soy bienaventurado pues cada camino que tomo me lleva a mi hogar. Aquí. En el silencio”.

Aquí en el silencio

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