pereza

Uno de los siete pecados capitales

Es uno de los siete pecados capitales de la cristiandad. Se denomina pereza. Aunque carece de la agresividad de la ira, de la soberbia, de la maldad de la envidia y la avaricia, o del estigma de la gula y el morbo de la lujuria, la pereza entraña un daño íntimo fatal, cercena la capacidad de compromiso con nosotros mismos.

Hay quien se sienta debajo de un árbol frutal a esperar que la brisa tumbe el fruto que tiene a mano. Es un verdadero lince a la hora de no hacer nada y esperar distendido una ráfaga de buena suerte. No aporta nada y vive a costa del éxito ajeno. La pereza invade los espacios, esquilma el esfuerzo de otros y exhibe la inconmovible presencia de la pasividad. Personas hay que, clasifican a los holgazanes (flojos), cómo pensadores sin ideas, estériles. Yo no estoy convencido de ello totalmente. Una persona que presenta estas características, puede ser muy inteligente con un ideario poco común. Su veleidad agarra cuerpo en esencia, a la hora de concretar todas sus posibles ideas junto a los sueños.

Algunos pensamos que somos inmunes a la pereza, por lo menos a la más sutil de sus manifestaciones. Estamos insertados en una sociedad moderna, con un avance tecnológico alto, que nos seduce cada vez más, a hacer un esfuerzo mínimo. Suplantamos ascensores por escaleras y sustituimos autos por caminar, usamos sillas reclinables, aire acondicionado, máquinas que ayudan en las labores de los agricultores y aún más…, que nos acostumbran a la más sublime pereza ¡Que gozamos glotonamente!

La flojera que da pie a dormitarse o al bostezo extasiado, en horas del medio día, después del almuerzo, no es un exabrupto; por pasajera y, algunas veces ¡hasta natural! Maléfica es la pereza del alma, la que anula fuerzas, hiere la voluntad espiritual e impele a no luchar por lo que anhelas, aunque se tenga un universo de ideas.

flojera

Un hábito que destruye

Más que ser una actitud pasajera, se convierte en un hábito que destruye, totalmente, distante del éxito y la felicidad. Decía Benjamín Franklin. La pereza viaja tan despacio que la pobreza no tarda en alcanzarla. Totalmente razonable; la pereza no es proclive con el entusiasmo, perturba el espíritu y descabeza la acción. Nada útil puede emerger de esta mezcla.

El perezoso no es amigo del cambio, no se siente cómodo con las exigencias de la vida, es timorato, vive atemorizado. Y si se encuentra en el presente es; porque los demás ya dejaron el pasado atrás. No en balde los cristianos la incluyeron entre los siete pecados capitales.

No es justo que derrochemos energías y siempre vivamos ocupados en no sé qué... El ocio bien empleado, el descanso justo, el reposo espiritual, la meditación serena y relajada, son fuentes que refuerzan algunas veces más que cualquiera de esos menjunjes energizantes que están tan de moda hoy día.

Luego del reposo regenerador, ha de retornarse a la acción controlada, organizada, perseverante, que nos llevará al éxito. Luego del éxito, reposemos durante el tiempo que sea necesario, debajo del mismo árbol frutal del sempiterno haragán. De seguro la fruta madura, jugosa, caerá por inercia frente a nosotros. ¡Buen provecho!

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