¿Luego de siete décadas o más… Qué?

En nuestra cultura occidental solemos pensar que luego de haber superado las siete décadas o más, nuestras opciones y experiencias tienen fecha de término a la vuelta de la esquina, lo que significa una aptitud negativa ante la vida. Sin embargo son muchos los ejemplos que algunos de nosotros hemos constatado a lo largo de nuestra ruta de existencia. –Hay que subir la montaña como viejo para llegar como joven- según un antiquísimo proverbio chino-

Fíjense en algo, tal vez lo más trascendente no es haber logrado subir a la montaña sin importar su elevación, sino que a la bajada el hombre se sienta feliz y realizado. Entendiéndose que la felicidad no es una cuestión de edades. Porque la alegría se logra culminando las metas que nos vamos trazando en la vida. Hay estudios de prestigiosas instituciones tales como los de la Universidad de Nueva Gales del Sur en Australia, que determinan que la felicidad de las personas varía según las edades. Se dice por ejemplo que la alegría comienza a descender al rededor de los veinte años y aumenta luego a los 65. —Las preocupaciones pasan a un segundo plano y se disfrutan mejor los logros.

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Los límites que marca la salud

Lo más dramático en este sentido son; los límites que nos marca la salud en el diario vivir. Se impone mantener un equilibrio entre la mente y el cuerpo para potenciar así la propia vitalidad, controlar el estrés, tratando de mantener esa salud perfecta que preconizan los psicólogos, los expertos en autoayuda…

La explicación sucinta es; “se envejece como se ha vivido”. Debemos aplicar acá el libre albedrío para decidir qué clase de ser humano queremos ser, para prepararnos para la vejez, de la forma que se considere conveniente. El discurrir de los años nos permite madurar y hace que vivamos con cierta desfachatez y una relativa seguridad, para disfrutar el presente, caminar despaciosamente y ver todo lo que la locura de la juventud no nos dejó ver.

—Es el caso de una anciana estadounidense que se graduó en una universidad, de Psicólogo, a los 90 años. Esto fue reseñado en la prensa internacional, ya hace algún tiempo. Lo cual denota y ejemplariza todo lo que aquí estamos contándoles. Con seguridad es dable decir que esta venerable anciana no puso fecha de caducidad a su vida ni a su felicidad.

“Felicidad no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que se hace”. Dicho por un notable filosofo. De seguro, si de algún arrepentimiento se tratara es; no haber dado el paso más temprano, en cualquier caso.

Por cierto; queda claro que es ligero pensar que una persona tiene fecha de extinción o término de facultades. –Si tomamos el control de nuestra mente y cuerpo, convirtiéndonos en seres conscientes integralmente, podremos con certeza prolongar nuestra salud y energía vital- Teniendo en cuenta estos principios de nuestra parte, controlando nuestros estados emocionales, seremos capaces de realizarlo todo, incluso a edades que ni soñarlo pudiéramos.

Esto nos lleva a preguntarnos con sinceridad. ¿Cómo queremos envejecer? –Y tú.

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