SIEMPRE LISTOS. TRES

Recuerdo un paisaje espectacular que hasta ese momento no había experimentado. Tendidas colinas de blanca y fina arena, serpenteantes, sumergiéndose precipitadamente en las profundidades de un mar de extraordinaria belleza, olas espumosas, eternamente continuas, envolventes. Arenas atrapadas y perdidas en mágicas dunas barridas por ventiscas; bastos, planos y secos horizontes de calor abrasador semejante a la reflectiva caldera de Vulcano, espectral infierno que salva una permanente, refrescante y salubre brisa marina hija de los cuatro vientos, que van con saña adobando y curtiendo la piel del viajero.

El Cabo de la Vela, extremo lugar de peregrinaje, situado en la alta Guajira, fue en esta ocasión el sitio escogido para la excursión del grupo scout. Paradisíaco territorio en donde en grandes toldos transparentes y rasgados, semidesnudos esquivábamos la luminosidad canicular. Conviviendo de cerca con legendarios grupos y rancherías de pastores nómadas, con rebaños de cabras y uno que otro asno de encubiertos contrabandistas, en esta ruta siempre abierta a lucrativas actividades.

En noches místicas, Guajiras, frías y limpias, refugiados en círculo o colgados de pendulares hamacas, en cuyo centro la benefactora hoguera ardía crujiente, lanzando al aire sus centelleantes y fugaces brisnas; tibiándonos tomábamos a sorbos whisky puro y caliente, aspirando volátiles cigarrillos, que la cargada oxigenación a nivel del mar acelera y pronto consume. Observando despreocupados, adormilados, sin comprender el sobrecogedor espectáculo cósmico, de multitudinarias y titilantes luces ensambladas en dispersas hileras, al igual que cirios de un gigantesco y piadoso altar, que nos envolvía.

Pero para otros mortales que miran con el rigor científico, la naturaleza permite con sus pistas, sutilmente conocer sus íntimos secretos parodiando a la sacerdotisa del templo, arcano develado al descubrir su clave, exponiendo joyas y tesoros para los iniciados quienes acertadamente interpretan, comprendiendo códigos y anagramas.

Allí estuvieron Aristarco de Samos, Eratóstenes de Cirene, quienes en el Siglo III A.C, ya comprendían la redondez de la tierra, su tamaño y dimensión. Copérnico y Galileo en 1473 y 1564 establecían que el sol y no la tierra está en el centro del sistema solar, por más conjuros del Santo Oficio, quemas en la hoguera al honesto Giordano Bruno o excomuniones pontificias. Numerosos los que han sentido la censura y represión de los purpurados. Johannes Kepler en dúo con Tycho Brahe que sus precisas observaciones de las órbitas planetarias permitieron al primero fijar las leyes del movimiento planetario, decisivas actualmente en la navegación espacial. Isaac Newton descubriendo la Ley de la Gravitación Universal. Herméticos misterios develados en sucesivos iniciados, Edmund Halley, William Herschell, Pierre Laplace, Thomas Young, Max Planck, Enrico Fermi, George Gamow prediciendo la existencia de la radiación de fondo y Arno Penzias y Robert Wilson detectando ésta en el eco que anuncia el nacimiento del universo. Edwin Hubble demostrando que la Vía Láctea es sólo nuestro barrio, que existen miles de millones de galaxias cada una con miles de millones de estrellas. Galaxias que se alejan unas de otras en un universo expansivo a partir de la Gran Explosión, del big bang planteado inicialmente por George Lemaitre.

El gigante Albert Einstein desarrollando la Teoría de la Relatividad Especial y General, donde el tiempo es otra variante, otra dimensión, donde la materia deforma el espacio, hecho comprobado durante un eclipse solar en 1919, y divulgado por el astrofísico Sir Arthur Stanley Eddington, catapultando al gigante. Fred Hoyle y su refutado modelo del estado estacionario del universo, Stephen Hawking contribuyendo en la comprensión de los agujeros negros y del origen del cosmos, que aquella noche despejada y plena de estrellas fugaces al calor de unos whiskys en la alta guajira veíamos sin ninguna reflexión y examen. Al menos se hubiera formulado una pregunta. Pero nada como los locos en el manicomio viendo su realidad sin comprenderla.

Dónde estuvo el profesor que sembrara la inquietud con un inteligente y puntual comentario, que creara controversia. Nada, como unas tapias igual a sus pupilos, peor por ser ellos los maestros, los encargados, los llamados en su misión de instruir, educar, formar, enseñar a discernir ahuyentando el corrosivo método de memorizar y repetir como loros los textos. ¡Roberto quiere cacao!

Intuitivamente se descubrió el sendero, como el hilo de Ariadna que condujo y salvó a Teseo en el laberinto. Lo cual produce una razonable satisfacción personal, pero hizo falta la chispa prematura, la aguda, punzas y oportuna explicación. La sabia reflexión del erudito. El guía, Caronte el barquero, para lograr una travesía plenamente enriquecedora.

Posdata: Afortunadamente todavía es posible contemplar las estrellas, sin el pago de un impuesto, por que ¿que se puede esperar?, si un bien sagrado como es el agua se encuentra ahora en poder de las multinacionales.

 

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