SIEMPRE LISTOS. DOS

Recuerdo aquella nublada mañana en los llanos orientales, donde posiblemente estuvimos a punto de ahogarnos, si se hubiera volteado la espaciosa lancha metálica que atiborrada estaba de indelicados bribones. Cuando un atortolado boy scout saltando de su sitio empezó a correr por el bote, desestabilizándolo al zarandearse violentamente de un lado para el otro, por la imprudente agitación provocada. Salvando la situación la providencial calma y prudencia impuestas en oportunos gritos y razonamientos que se atendieron.

Decía aquel insensato haber visto, y eso fue lo que lo asustó, una enorme babilla que de la ribera opuesta en veloz carrera rápido se zambulló dirigiéndose justo hacia nosotros, como el cocodrilo del capitán Garfio, tic tac, tic tac, en la aparente calma de la ensenada, hábitat natural de piraguas y caimanes del río llanero, donde en su oscura y frondosa playa, convenientemente cubierta se ocultaba minutos atrás, bajo redes de pesca, hojarasca y yerbas húmedas tan soberbio transporte fluvial. Al descubrirla, curiosos, ni por un instante dudamos en dejarla allí tranquila como sus dueños imaginaban y era su voluntad. Pronto desenvolvimos su camuflaje y arrastrándola pesadamente la echamos al agua, tan alegres cual Aliados votando submarinos.

Rápido todos estuvimos dentro y acomodados, sin remos, pero aprovisionados de largas varas y por supuesto de nuestros cayados, otro artefacto del atuendo. Empleándolos febrilmente, al rato nos encontramos en el lejano centro de la laguna, donde las varas ya no tocaron fango y su beneficio se perdió quedando a la deriva, dándonos cuenta tarde de la utilidad e importancia de los remos. En eso estábamos cuando ocurrió la visión del militante scout.

En silencio todos recogidos y azorados después del fulminante sobresalto, del abortado naufragio, atentos esperando como el reo un ilusionado desenlace, nos fuimos deslizando lentamente por el medio de aquellas corrientes de aguas planas. Por vez primera, obligados por las circunstancias observamos desde aquel centro el majestuoso paisaje que nos rodeaba, percibiendo el tenue aleteo del ave rapaz que sobrevolándonos caza con precisión su presa, posándose luego aleteando suavemente en la cúspide del árbol más sobresaliente del bosque.

Inmóviles en aquella postura conteniendo la respiración, en un interminable poco a poco fuimos acercándonos a la ansiada orilla. Al lograrlo como tropas de desembarco pronto abandonamos aquella ocasional prisión, dejando botada la lancha a su suerte. Corriendo, más bien huyendo de la experiencia nos dirigimos al campamento, sintiendo gran alivio al divisar en el recorrido el bus Toyota del colegio, en el cual habíamos viajado en esta oportunidad y Cuéllar el joven y carichupado conductor haciéndole mantenimiento. Estábamos nuevamente en casa.

 

Comparte este Goo:

¿Tiene contenido inapropiado?

Comparte este goo con un amigo: