Hay seres con los que conectamos de formas diversas y en los momentos oportunos. En el recorrido de nuestra vida se manifiestan haciéndose presentes aunque no sea físicamente.

 Cuando me hallaba en la Universidad, escuche sobre un gurú que materializaba ceniza con sus manos. Mauricio me invitó al grupo donde mostraban videos y meditaban. Siempre le hice el guiño de que asistiría, más no fue entonces. En aquel tiempo solo tomé por costumbre almorzar en el restaurante Los Vegetarianos de Rosita Cabanzo, lugar de reuniones y meditaciones. Allí llevaba a mis amigas, mis amigos y nos quedabamos mas de tres horas conversando. Aquel lugar tenía la magia de un apacible charladero después de un sano almuerzo, encontrabas a muchas parejas y personas en amenas charlas, degustando un pocillo de leche de soya o una de esas tiernas y deliciosas tortas en miel que ofrecían. 

!Pasaron once años! Bajaba de mi consultorio en el tercer piso del edificio y en la puerta de entrada a un apartamento observé pegado un Om de bronce. Una inquietud por saber más acerca de esto se hizo fuerte y constante.  Decidí una tarde tocar la puerta. Salió una hermosa mujer de tez morena, delgada, de unos cincuenta años y con estatura de unos 1 metro con 68. Me saludo amablemente. Al preguntarle sobre el símbolo en la puerta y si este era algún centro de meditación, me hizo seguir a la sala de su aparta estudio. Me presentó un cuadro que cubría toda una pared de un hombre de piel trigueña, con cabello en afro, sentado en una silla de brazos forrados en cojines rojos, una sonrisa en su rostro, su mano derecha como saludando mostraba el dedo índice y el del corazón levantados, su otro brazo apoyado en la silla con los dedos caídos  y su mirada atrapando a los observadores. Así vi por primera vez el retrato de Sathya Sai Baba, el gurú que materializaba ceniza, mejor dicho vibhuti. Dentro de la tradición hinduista esta ceniza significa “el Dios del deseo calcinado por Shiva. El triunfo sobre los deseos que atormentan” es decir que tiene el poder de inducirnos a renunciar a los deseos y en muchos casos hay documentaciones de su acción sanadora.

Durante dos años cultive la amistad de Leonor y su hija Angélica una mujer de mucha luz, que realizaba sesiones sanadoras con aliados invisibles y herramientas alternativas. De manera juiciosa todos los domingos asistí a las meditaciones y los cantos devocionales que realizaba el grupo. Más sorprendente aún a las dos semanas de conocerles estaba dirigiendo cantos y guardando vibhuti en unas bolsitas de papel que diseñé y que  entregaba a los asistentes. Dos o tres veces me acompañaron mis hijos y por algún tiempo la ceniza sagrada hizo parte de nuestra cotidianidad.  Las groserías se cambiaron por la  triple repetición de una palabra en sánscrito  Shanti, Shanti, Shanti que significa paz, paz, paz.  Así el gayatri mantra se hizo el compañero protector y limpiador constante en nuestra existencia. El mantra aún la conservo, soy un gayatrin, una persona que medita en la madrugada, al medio día y en el atardecer en la repetición comprensiva del Gayatri, cuya práctica "libera y es muy auspiciosa"  y en mi experiencia muy poderosa para desarrollar el intelecto y conectar con la conciencia:

 Gayatri Mantra (Védico)

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OM BHUR BHUVA SVAHA
TAT SAVITUR VARENYAM
BHARGO DEVASYA DHIMAHI
DHIYO YO NAH PRACHODAYAT

Hoy Sai Baba ha dejado su cuerpo y tengo un agradecimiento por todas las relaciones y descubrimientos pedagógicos que a través de aquel encuentro se desarrollaron. Shanti, Shanti, Shanti amigo. Las huellas que dejas siempre estarán presentes. En cada cual según su propia vivencia. De mi parte gracias y que seas el vibhuti materializado en el mundo para que Sathya la verdad que habita en cada ser, les dé su liberta y su luz.

OM SAI RAM

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