La serenidad o ecuanimidad.

Mi sabia y querida abuelita decía “Nunca seras un adulto maduro hasta que no logres dominar tu carácter”. Mantener la serenidad o ecuanimidad, como quiera que usted le llame, en situaciones difíciles no solo lo ayuda a salir airoso sino que le proporciona una perspectiva diferente de los problemas. Todos quieren a su lado personas serenas, que no se atormenten ni amilanen a la primera dificultad. Aquellos que buscan SOLUCIONES en vez de crear un caos son muy valorados tanto dentro de la familia, como en los medios sociales o laborales.

Hay quien se ahoga en un vaso de agua, vive estresado, atormentado y cada pequeño detalle de la vida es motivo de agobio y amargura. Usted seguramente los conoce, si le dicen mañana va a llover comienza a decir: ay Dios mío, se rompió mi paraguas, no tengo ropa apropiada para la lluvia, que hago ahora con la caminata que había planeado, en fin todo lo ve tan gris como las nubes de la futura tormenta. Escuchándolo usted llega a pensar que lo que viene es el Gran Diluvio. Todo lo contrario piensa el ecuánime, comienza a reajustar sus planes para el próximo día y hace que la lluvia sea el mejor fenómeno que la naturaleza le pueda ofrecer, saca sus plantas al aire libre, y hasta baila feliz bajo la lluvia.

No juzgo a los que ante grandes dificultades gritan y lloran antes de buscar posibles soluciones, pero si les aconsejo tomar la vida de manera más filosófica. La serenidad le dará calidad de vida, le hará ver todo con una tonalidad mas rosa, pues al final, como les decimos a nuestros niños con llorar y gritar no se resuelve nada.

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