¡Las sensaciones físicas que experimentamos…!

¿Las sensaciones físicas que experimentamos mientras dormimos también se incorporan al contenido onírico? Todo apunta a que sí. El psiquiatra Tore Nielsen, de la Universidad de Montreal (Canadá), ha demostrado que el sistema límbico del encéfalo incorpora la sensación de dolor a la narrativa del sueño. Además, lo hace de forma realista: el sujeto reconoce el tipo de dolor y la parte del cuerpo afectada.

El enigmático mundo de los sueños II

Lo comprobó aplicando estímulos nociceptivos a voluntarios dormidos cuando entraban en la fase REM. Casi todos se ponían furiosos en su sueño y ensayaban maneras de librarse –oníricamente– de la fuente del suplicio. También ocurre al revés, y, a veces, trasladamos al mundo real lo que soñamos.

Hablar en sueños no es raro –la mitad de los niños y un 5 % de los adultos lo hacen–. Los sonámbulos incluso son capaces de atarse los zapatos, conducir o pelear mientras duermen. Normalmente el sonambulismo no es grave, salvo que se manifieste en forma violenta o pueda causar accidentes. El material onírico se ha considerado cargado de mensajes desde el principio de los tiempos: "Refleja el estado emocional del soñador o compensa determinados esfuerzos para buscar cierto equilibrio psíquico. Más allá de que refuerce funciones cognitivas –memoria, atención–, es una herramienta clave desde el punto de vista psicoterapéutico", dice el psicólogo Jordi Borrás, miembro de la Asociación Internacional para el Estudio de los Sueños.

sueños 3

Sigmund Freud, padre del psicoanálisis y pionero en el estudio de la interpretación de los sueños, atribuía a la actividad onírica la función de dar salida a la tensión psíquica, poblada de deseos reprimidos, que aparecerían distorsionados o latentes para resultar más aceptables. Por su parte, la terapia cognitivo-conductual, que usan la mayoría de los psicólogos, defiende que los sueños reflejan la concepción del mundo del sujeto y son útiles para identificar patrones de pensamiento distorsionados o desadaptativos, que habrá que trabajar en consulta.

Los sueños están relacionados con las preocupaciones diarias...

Para el doctor Zadra, "los estudios empíricos demuestran que su contenido está muy relacionado con las preocupaciones diarias o con traumas no superados, como ocurre con las pesadillas recurrentes. Además, los sueños de las personas aquejadas de ciertos trastornos mentales son distintos a los de los sujetos sanos". Por ejemplo, es típico de la depresión soñar con agresiones y no recordar detalles del ambiente, mientras los esquizofrénicos son propensos a las pesadillas y menos proclives a experimentar emociones.

Según el doctor Blagrove, "no es tan importante descubrir el mensaje oculto, sino aprovechar el sueño para ampliar la perspectiva. Igual que una película a veces te ayuda a ver tu propia vida de una manera nueva, los sueños pueden darte una visión más rica de ti mismo". Borrás cree que "ponen de manifiesto nuestro potencial, capacidades que desconocemos y esperan ser despertadas”. Para los interesados en compartir sus historias de almohada, este psicólogo ha creado la versión española de Dreams­cloud, una plataforma online que pretende recoger una base de datos de temáticas oníricas “con el fin de estudiar tendencias oníricas colectivas por culturas, países, sexos...", explica Borrás.

Cuando son recurrentes –un tema muy repetido es el de que alguien nos persigue o nos ataca–, se consideran un trastorno del sueño y necesitan tratamiento. El 90 % de las personas con síndrome de estrés postraumático revive en sus sueños el accidente, la guerra, la violación o la tortura a la que sobrevivieron. Para ellas, Barry Krakow, director del Centro Internacional Maimonides para el Tratamiento de las Pesadillas en Nuevo México, ha creado la terapia de ensayo de imágenes, que consiste en reescribir el sueño recurrente cambiando el resultado, para que deje de ser traumático. La técnica funciona en el 80 % de los casos. A fuerza de visualizar, durante la vigilia, un desarrollo distinto de la trama donde el final feliz sustituye al terrorífico, la mayoría de los afectados consigue modificar el sueño.

soñando

El poder de moldear la realidad onírica va un paso más allá con los llamados sueños lúcidos, estudiados por Stephen LaBerge, fisiólogo y psicólogo de la Universidad de Stanford, en California, quien empezó a publicar sus experimentos en los 80. Se trata de una actividad en la que el durmiente es consciente de que está soñando y puede manipular a voluntad el desarrollo de su película onírica, bien de forma espontánea, bien inducida mediante aprendizaje y entrenamiento. LaBerge descubrió que las áreas del cerebro que se activan y las constantes vitales que se modifican al hacer ciertas cosas durante un sueño lúcido son las mismas que se activan al ejecutar lo mismo despiertos.

Por ejemplo, soñar con un acto sexual produce idénticos cambios en el cerebro y el cuerpo –aumento de la temperatura y la respiración, eyaculación o secreción vaginal durante el orgasmo– que cuando se hace el amor despierto. Un estudio dirigido por Jayne Gackenbach, de la Universidad MacEwan (Canadá), revelaba que los jugadores experimentados de videojuegos tienen más sueños lúcidos que la media de la población. A Frank Bosman, de la Universidad de Tilburg (Holanda), le parece lógico: "No es raro que, si estás acostumbrado a manipular a un personaje en un juego digital, puedas hacer lo mismo en un sueño.

En ellas, las leyes físicas no nos limitan, podemos dar saltos increíbles, volar, hablar con seres mágicos. Y tienen el mismo propósito cognitivo: entrenarnos para situaciones de la vida real". Y aunque sabemos que todos soñamos, no está claro por qué algunas personas casi nunca recuerdan sus sueños. Laura González de Rivera

Fuente Historia original/El enigmático mundo de los sueños/Laura Gonzales de Rivera/muyinteresante.es

mancha1

Comparte este Goo:

¿Tiene contenido inapropiado?

Comparte este goo con un amigo: