Una sensación que tengo bien aprendida

Saber que aún no amanece es una sensación que tengo bien aprendida. Todo a mi rededor está lleno de un silencio que es casi total, sino fuera porque percibo los rumores que siempre están presentes en una casa, rumores que se han hecho imperceptibles, no por que no existan, solo que estamos tan familiarizados con ellos que no los tomamos en cuenta. El tenue siseo del aire acondicionado… los latidos acompasados de mi corazón. En la habitación total oscuridad y fuera de ella la relativa parsimonia del sol para manifestarse.

Avizoro una larga noche, aún no me duermo. La noche se ha mostrado prolongada, intensa, frágil en su andar sutil, llano. Oh mas bien que yo la he percibido en su comportamiento y duración normales, puede ser, que por el contrario sea yo: el que se siente, inquieto, incómodo, enervado.

¡Una noche de insomnio! De ánimo inquieto, divagando en los recuerdos, la mente proyecta una película en la que solo nosotros somos los únicos espectadores. Las imágenes son algo gaseosas, irreales, pero; las emociones si, nos demuestran su realidad a través de las sensaciones. Aparecen las historias que estamos prestos a contarnos.

La madrugada me ha resultado provechosa, pasé un tiempo considerable meditando medio incorporado en la cama, luego me senté frente al televisor tratando de “matar” el tiempo, intentando encontrar el sueño perdido. El insomnio y la inquietud me llevaron a buscar un libro, leyendo un poco del mismo. Más tarde me dediqué a caminar por un parque cercano, donde yo era el único caminante, retorné a casa dirigiéndome directamente a la ducha, para luego tomar un desayuno, consistente en dos rebanadas de pan integral, mermelada y café. Y no termina de amanecer.

insomnio

De preferencia una noche diferente

Hubiera preferido que la noche haya sido diferente pero… Las realidades hay que tomarlas tal como vienen. Sin embargo, de esta noche insomne, a pesar de mi inquietud, he asimilado, entendido, que cada momento nos ofrece una oportunidad de aprender, de lidiar con los sobre saltos, de hacerle caso a los pensamientos, de poder discernir si me interesa esta película o me engancho en el drama. En todas estas horas el vaivén de las emociones se ha paseado por todos los escenarios, suspiros, llanto, risas. Mientras estoy divorciado del sueño transito por caminos tortuosos.

Sabemos, que noches como estas nos, dan la oportunidad de ejercitar lo aprendido. Cuando el día es perfecto la vida nos sonríe, Contrariamente, en las noches largas la historia es diferente.

De repente el silencio se hace más espeso, los ruidos se han atenuado extremadamente, escucho el crujir de la silla donde me encuentro sentado. Ausencia total de luz en las ventanas.

Se que dentro de mí, existe la luz que busco en el exterior. Infinidad de veces la he sentido, es real como; el insomnio que ahora me acompaña. Pero esta noche no siento su presencia, ni lo que se mueve a mi rededor. Desde donde observo sin ver nada, solo percibo la noche y el insomnio. Lo que agradezco, porque; me da la oportunidad inapreciable de practicar lo aprendido. De encontrar un atisbo de luz, para comprender que para saber de la calma, hay que conocer la tormenta.

Suspiro, cierro los ojos, al abrirlos veo el asomo de claridad del nuevo día. Una luz que viene allende el espacio, disipando tinieblas, calentando el ambiente. Despiertan los pájaros, ensayan su canto. Luego de este preámbulo quizás pueda dormir un poco; de ser negado esto, seguiré ejercitando lo aprendido.

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