Todos sabemos de las buenas enseñanzas que trajo el gran Maestro Jesús para toda la humanidad. Un ejemplo de sacrificio y de amor que marcó toda una trascendencia hasta el punto tal de influir su nacimiento para numerar los años (a.C. y d.C.) empezándose a contar desde su Natividad con el año 0. 

Su muerte revolucionó toda la mente humana, puesto que, predijo su final y el propósito de su venida aquí en la Tierra. Nos dejó como legado buenas reflexiones y quedó su doctrina como modelo de enseñanza universal.

En esta Semana Santa no solo deberíamos de pensar en el asado del jueves, de la ronda de tragos con los amigos y familiares que vendrán de lejos ni enfocarnos en qué lugar iremos a bailar. Es la semana más importante del año, por lo tanto es menester aprovechar para el ensimismamiento, de meditar, estar en acercamiento con el Creador e ir haciendo un análisis de conciencia y pensar en los aspectos de nuestro carácter y temperamento que muchas veces quebrantaron la sensibilidad de las personas cercanas a nosotros. Pensar y ser empáticos y entender que estando en el lugar de la otra persona tampoco nos gustaría que nos ofendan. Es importante entonces, ir puliendo nuestros aspectos negativos, y que no termine tan solo en el darnos cuenta, es el momento oportuno de ir y pedir perdón, de corazón. Dejar el orgullo por sobre todas las cosas y ponerse a disposición del diálogo. Con ese paso podríamos evitar rencores innecesarios y que tan solo perturban el alma.

Algunas personas se van a la Iglesia solo para cumplir con el protocolo de "mostrarse" que se va, empero, al salir de ahí critica a todo un hemisferio. Otros te invitan a su casa, predican el evangelio, suponen ser buenas personas, pero paradójicamente niegan el saludo al prójimo y clasifican amistades por conveniencia.

En cuanto a los aspectos positivos de nuestra personalidad, es bueno rescatar y seguir practicando los buenos modales, nos alegra el día a día dimensionar la transparencia de tener la conciencia tranquila y de hecho contagiaremos esa buena vibra y la onda positiva a nuestro entorno social en el cual nos desenvolvemos y todos querrán compartir con nosotros, por lo menos, unos minutos.

Imagínate si creamos una sociedad más humanista, aportando un granito de arena en nuestros respectivos papeles, qué maravilloso sería el mundo. Alejámonos de todo vicio perverso del egoísmo, del egocentrismo, del materialismo enfermizo, de la envidia, de la prepotencia, de la arrogancia y dispongámonos a disfrutar de las cosas sencillas que nos regala la vida.

Freddy Eduardo Gómez.

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