Recuerdo estar con mamá afuera de la casa de una finca pequeña en Mesitas del Colegio. Podía darle la vuelta caminando y no se notaba claramente cual era el frente y cual el  solar de atrás. La tierra arada en forma delicada con surcos perfectos, permitían descubrir una huerta lista con sus ordenadas canaletas que aguardaban la llegada de las semillas elegidas. Se sentía la ternura al tomar trozos de  tierra y dejarlos escurrir por entre los dedos. Estabamos allí. Mamá  parada en la tierra rastrillándole con delicadeza  y quitando hojas caídas de las plantas grandes que habitaban a su alrededor. Incluso hojas extranjeras que el viento traía de otros lugares. Yo observaba de pie en medio de dos cuadrantes de tierra. En el camino de cemento a unos cuatro metros de la puerta de la casa que se hallaba envuelta de enredaderas. Al verla desde arriba la casa formaba una S mayúscula gruesa. Sus paredes rectas pintadas de cal blanca, tejas de lata y huerta segmentada  en cuadrantes por delante y por detrás. Estabamos los dos, allí fuera. En un instante cruzó por mi mente el  recuerdo de papá, su imagen. Le había olvidado. Pregunté a mamá sobre él

 - ¿En que pueblo es que esta mi papá?.

- Mamá se mostró algo sorprendida; era un tema que no parecía estar muy de acuerdo en tocar. En  Anapoima dijo.

-          ¿Vive en una finca?   Estaba consternado, me extrañaba que mi memoria hubiese olvidado tanto tiempo a mi padre. Sentí como un despertar instantáneo

       - Si, mas bien como una oficina con solar grande, por lo pequeño de la casa. Respondió mi madre.  Me resulto curiosa la descripción. Aunque le imaginaba como en una casa finca, igual que esta, recordé  que a papá siempre le gustaba tener un lugar desde donde dirigir las cosas y vivir allí, como una oficina pieza. Un lugar desde donde controlara su mundo.  

        - hace tiempo no sabemos de él.

       - A veces hablamos por teléfono. Respondío mi mi madre

      -  De que vive?

 Hubo un silencio. Recordé que cuando era niño ella le recriminaba por haberle hecho gastar la herencia dejada por mi abuelo. Se lamentaba por haberse casado con un hombre como él, que nunca le había dado la vida que merecía. Era el tem común de las discusiones.   Por un instante pensé en mi propia relación de pareja que similitudes tenían. Me sentí como mi padre, incluso olía, vestía y actuaba como él ahora. La única afortunada diferencia es que nuestra separación fué mas rápida y oportuna, eso ayudo para que ahora seamos amigos y tengamos conversaciones agradables. Este súbito recuerdo, me hizo pensar darme cuenta de que había olvidado por mucho tiempo a mi padre. Aunque no tenía memoria de cuando exactamente hubiésemos roto la relación, simplemente le olvide desde que se fue a vivir a la finca. Al principio venía cada ocho días, dejo de hacerlo y se me borró su existencia. Parece que a nadie le importo. Una intensa sensación por su ausencia me sacudía ahora. Era extraño algo de la historia se me había perdido con papá y no sabía que era. No pude pasar la hoja y dejar de importarme más aún sin algún motivo claro de ruptura. 

        - Y si lo visitará? Pensé. Podría ir y ver como estaba y saludarle. Sabía que mamá no me acompañaría.

Imagine llegando, viéndole hacer sus negocios para vivir  con la tierra, sus sembrados, ofreciendo productos y pasando el rato conversando como solía hacerlo con amigos del barrio. Era muy sociable y querido por los vecinos, se la pasaba en las esquinas conversando con otros "señores ociosos", como decía mamá; Tomados de gancho, en grupo. Caminaban de un lado a otro de manera lenta, tranquila,  por las cuadras en paso de abuelos que  no tenían  prisa. Otra veces se les veía sentados en la cafetería bebiendo un tinto.  Era  mi padre y en la sencillez de su vida feliz y sencilla, recordé. Sin tanto escándalo. Los reclamos permanentes de mi madre  no le hacían mella. Vivía en su habitación en el segundo piso. Como independiente de nosotros, cocinaba para él. Eso siempre estaba pendiente de cualquier cosa que se necesitará en casa. Una relación curiosa la de mi madre y mi padre. Largos silencios, ni se saludaban, como los más grandes extraños.  Solo cuando alguien conocido moría, se les hallaba conversando con nostalgia y de vuelta  a su distanciamiento. 

Recordarlo ahora me generaba muchas preguntas ¿Porqué le había olvidado? la primera ¿Acaso estaría enfermo? ¿Sólo? ¿Quién le asistiría en enfermedad? Preguntas que eran imaginaciones por que en cada una de ellas le imaginaba. Más tenía la certeza que era feliz. Si no fuese así, ya sabríamos. Mi madre recibía eventualmente sus llamadas. Pensé en mi amigo Guillermo, había permutado su casa en Bogotá con una finca a media hora de San Juan de Rio Seco. Su proyecto era convertirla en lugar de convivencias y talleres de respiración que manejaba, por que varias veces había viajado a la india y aprendido de un maestro el arte de Respirar y de vivir. Le gustaba trabajar con  grupos y dar sus conocimientos trascendentales a ellos. Además tenía el aspecto de gurú de alto, unos 1, 70, una barriga redonda y agradable, su media calvicie cubierta por cabello de hileras largo hasta tocar los hombros  y  su barba poblada también hilos de cabellos con los que podríamos hacer trenzas.  Mejor descrito era como un Jesucristo medio estilo botero. Una gran persona, muy cálido y agradable estar cerca de Él. El recuerdo de papá me llevó a Guillermo, diferentes y a la vez tan parecidas al final. Asociarlos me hizo sentir bien. Relacionar a uno de mis amigos mas queridos con papá, eso era muy bueno para tranquilidad de mi corazón. Ambos vivían una vida una vida tranquila, cerca a la tierra de campo, era su sueño cumplido.

Guardé silencio y dejé a mamá con sus propios pensamientos. Entonces caí en cuenta que estaba dormido y todo era un sueño. No se me había olvidado mi papá. Desperté y caí en cuenta que mi padre estaba muerto ya hace algunos años y mi madre muchos más.

Comparte este Goo:

¿Tiene contenido inapropiado?

Comparte este goo con un amigo: