El rey estaba dispuesto a romper la tradición de casar a su hija con algún monarca; y a cambio, deseaba para ella un hombre paciente, inteligente y amoroso. Por esa razón tras hablar con ella, se convocó en el reino un concurso, sería el esposo de la princesa Margarita, aquel hombre quien en seis años tuviese la planta que causara más sensación.

En medio de la incredulidad de los hombres de aquel reino, se presentaron al concurso 300 candidatos. Ellos traían la semilla, la plantaron siguiendo las instrucciones del Rey, y todos los días durante el tiempo establecido bebían de cuidarla.

Hubo toda clase de plantas, unas germinaron rápidamente, otras se volvieron plantas y hasta empezaron de declinar. La mayoría de los candidatos se retiraron el primer año, para el cuarto año ya quedaban muy pocos. Pero lo increíble, es que uno de los participantes se había convertido en el hazmerreír del reino, pues durante cinco años estuvo cuidando y dándole agua a una semilla aparentemente muerta.

Cuando parecía ya no haber esperanza para este concursante a esposo de la princesa, por fin salió entre la tierra un pequeño brote; sin embargo, las burlas seguían. ¡Tan pequeño e insignificante era aquella plantita, que su cuidador debería retirarse del concurso!, decía la multitud.

Pero sólo 6 meses después la plantita creció a más de 100 pies de altura. Se la había pasado cinco años echando raíces. Aquellas raíces lo hicieron fuerte y le dieron lo que necesitaba para sobrevivir.

Los ojos de todo el reino se concentraron en aquella planta y en su cuidador. Pero el más gratamente sorprendido fue el rey, quien al hablar con el responsable de la existencia de tan formidable planta, recibió de este la respuesta capaz de convencerle de hacerle parte de la familia real. Este ser había cuidado una semilla por tanto tiempo de la misma forma en la cual ofrecía esperar a casarse con la princesa, hasta cuando ella se enamorara de él.

El matrimonio se celebró con prontitud, pues la princesa quien había aprendido a ver a este hombre con un sentimiento de compasión, empezó a admirarle por la paciencia y el amor dedicados a esta semilla y reconoció su inteligente elección de aquella semilla. Ella sin darse cuenta se había enamorado de aquel cuidador de una semilla de Bambú.

La paciencia, la inteligencia y el amor son el mejor abono que tienes para ayudar a germinar lo mejor de cada ser con quien tienes la bendición de compartir.

 

La energía del universo y la Sabiduría Divina iluminen este día de fe y esperanza

 

Heidman Janeth Ballesteros Ruiz

Guillermo Velosa Arbeláez

Eliath Javier Pérez Ballesteros

Consultores Motivadores Organizacionales

 

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