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Abierto al turismo, el "Templo de los tigres" como popularmente se conoce se encuentra en Tailandia y mantienen una lucha con ONG que defienden a los animales y que pretenden cerrar lo que para los del centro religioso es un lucrativo negocio. Los monjes cobran elevadas sumas de dinero para dejar entrar a los turistas y fotografiarse con los animales que deambulan dóciles medio adormecidos.

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Los centros religiosos budistas tienen por norma prohibido cobrar dinero por enseñar sus instalaciones pero este de Kanchanaburi se ha convertido en una especie de zoo donde además de tigres, que son las estrellas del negocio, tienen diversas clases de pájaros y varios osos. Este negocio se inició en los años 90 cuando los religiosos adoptaron un cachorro de tigre. Muy pronto comprobaron el interés que despertaban en la gente y decidieron criar tigres en cautividad.

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Se calcula que pasan por este templo unas mil personas diarias que se hacen fotografías con los tigres, pueden alimentar a los cachorro y hasta bañarlos. No obstante, llama mucho la atención el aspecto de los grandes tigres que parecen estar drogados, mientras los monjes aseguran que se han vuelto así de mansos gracias a los cuidados y entrenamiento realizado. Tras la denuncia de un veterinario que segura que han exportado tigres para venderlos, las ONG han presentado nuevas acusaciones contra el templo y sus dirigentes por cría ilegal de tigres, abusos, tráfico y explotación de animales. Ahora solo cabe esperar que las autoridades Tailandesas no miren para otro lado.

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