Santiago se convierte en destino emergente para la educación  ejecutiva

 

Santiago se convierte en destino emergente para la educación  ejecutiva

En junio de 2009, la revista regional América Economía publicó un ranking con las 48  mejores   escuelas de negocios de América Latina. Dentro de la lista,  ocho de las primeras 30 pertenecían a universidades chilenas como la Universidad Católica (PUC), Adolfo  Ibáñez (UAI) y Universidad de Chile, que ocuparon el segundo, sexto y  décimo lugar respectivamente.

En los últimos 10 años, Santiago  se ha transformado en una importante plataforma educacional para  este tipo de maestrías. Con el sostenido desarrollo económico que ha  experimentado el país en las últimas décadas, ha aumentado  considerablemente la demanda por gerentes mejor preparados, impulsando  así la educación ejecutiva local.

De cuatro Maestrías en Administración de Empresas (MBA) que  se dictaban en Chile en 1996, hoy la oferta se ha incrementado  significativamente y el número alcanza a más de 25 programas. Además, muchas de estas escuelas de negocios han alcanzado un alto prestigio y  calidad tanto a nivel regional como mundial. Este auge, sumado a una una  serie de ventajas propias del país como su estabilidad y atractivos  turísticos y culturales, permitirían incluso posicionar a la capital  como un polo de formación en la región.

Jorge Herrera, director del  MBA-UC, sostiene que el mercado de las maestrías en Chile ha aumentado  conforme al desarrollo de la educación ejecutiva en el mundo. Sin  embargo, destaca las ventajas que ofrece Chile para estudiar un MBA,  sobre todo económicas. "Desde el punto de vista del "value", o sea  relación costo-calidad, hacer  un MBA en Chile es muy conveniente porque te entrega una profundización en términos  técnicos y además un complemento en habilidades directivas,  que hoy en día son muy importantes", afirma. "Y eso significa que te  vienes a hacer un MBA por un costo de US$ 30 mil y no US$ 150 mil",  agrega el académico.

Pero la conveniencia económica no es la única ventaja que  ofrece Chile para realizar una maestría en administración. La excelencia académica y  prestigio de las instituciones educacionales chilenas es la principal razón por la que  habitantes chilenos y extranjeros estudian un MBA en el país.

La consultora francesa Eduniversal, en la que  participan  decanos de las mejores universidades, realizó en el 2009 un ranking con las mejores escuelas de negocios del mundo. En ella,  catalogaron al MBA-UC con cinco palmas, la máxima distinción. Los  programas de la Universidad Adolfo Ibáñez y la Universidad de Chile, en  tanto, obtuvieron cuatro palmas, y la Católica de Valparaíso, Santiago (USACH), Los Andes y Alberto Hurtado, tres palmas, ubicándolas a la par de  instituciones de Estados Unidos y Europa.

"Acá te vas a encontrar con todo lo que te vas a encontrar en  cualquier universidad de primer nivel en el mundo", afirma el académico  de la PUC.

Esto, sumado a la gran  infraestructura y seguridad que otorga Chile, hacen que el  país sea el destino favorito de estudiantes chilenos y extranjeros, que  actualmente ascienden a un 35% en el caso del MBA-UC, provenientes  principalmente de Estados Unidos y Europa.

Ana Amalia Barrios, Abogado y  Notario proveniente de Guatemala y quien cursó un MBA en la Universidad  Católica en el 2002, tiene sólo buenas experiencias con Chile. "Fue la  mejor decisión que pude haber tomado", afirma. "Desde que ingresé he  estado inmersa en un ambiente académico superior y, a la vez, muy  entretenido. Los profesores y alumnos generan una mezcla única de  habilidades, conocimientos y culturas que le pone un toque especial a la  experiencia", comenta.

Además, destaca la ciudad de Santiago y Chile en general: "se  trata de lugares ideales para que un alumno extranjero se sienta como en  casa", finaliza.
Santiago, una gran ciudad para estudiar

Con todas estas características, Chile tiene grandes  posibilidades para ser una ciudad universitaria global en un par de años  más. Un buen porcentaje de cursos impartidos en inglés, programas más  flexibles y de corta duración y una mejor infraestructura para recibir  alumnos, son algunos de los elementos que según Herrera faltan para que  esta realidad sea posible, pero con los cuales trabajan por mejorar.

"Estamos trabajando seriamente para que esos elementos sean  una realidad en un corto período de tiempo", afirma el académico de la  institución. "Un 25% de los cursos se dan en inglés y ya existe un proyecto en  construcción para recibir a los alumnos", sostiene.

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