En Venezuela el rojo se ha convertido en el color menos seleccionado al momento de escoger uno. Quienes hace 20 años lo tenían como su color preferido, por su significado de sensualidad o peligro, hoy no quieren usarlo para que no sean confundidos con los que actualmente son los oficialistas en el país. En mi caso, cuando hablo de "los rojos" todos saben que me refiero a las personas que apoyan al partído político que no es necesario mencionar y al escucharme referirme así hacia ellos, los afectos a ese partido siempre solían darme una respuesta que me dejaba en silencio: "recuerda que tu sangre también es roja". A lo que hace poco descubrí que no es así, mi sangre es vinotinto y creo que la sangre que Jesucristo derramó por nosotros, también lo es.

Vinotinto por mis venas Venezuela

Así es, el color que corre por nuestras venas es Vinotinto. Como cuando hay partidos de fútbol donde participa Venezuela: cada vez que juegan, en nuestro país olvidamos los colores y nos vestimos de aquel que nos une. Mujeres, hombres y niños, se levantan a gritar de alegría cuando VENEZUELA hace un gol. Los compañeros laborales y académicos que siempre tienen diferencias personales, esta vez se reúnen a comer de una misma pizza, frente a una gran pantalla que los mantendrá a la expectativa. El equipo no ha tenido participaciones en los mundiales durante la historia del fúbol venezolano y, aun así, cada venezolano tiene una franela vinotinto en el armario y, si no la tiene, al menos piensa comprarla algún día.

Pero la Pasión Vinotinto, no solo se trata de ese partido deportivo. Es mucho más que eso. Significa tener vida, amor y felicidad. Si lo vemos desde otro contexto, que también es de unión, estaríamos hablando de la Pasión de Cristo y así entender el verdadero significado del derramamiento de la sangre de Jesucristo que se trata de una sangre que sigue fresca y nunca se seca, porque Él resucitó. El Vinotinto sigue haciendo milagros, sigue derramándose sobre cada uno de nosotros.

Tenemos ese privilegio, aunque el primer hombre en la historia fue desobediente ante las ordenes de nuestro Padre Dios, al comer del fruto prohíbido. Hoy vivimos las consecuencias de esa decisión. Eso significa que cada ser humano siempre ha tenido la oportunidad de decidir qué es lo que escoge hacer en su vida. Eso incluyó a Jesucristo cuando se hizo hombre. Él tomó una decisión que lo cambió todo, como un jugador de fútbol cuando decide si hacer un pase para que su compañero haga un gol o puede pensar no esperar hacer el pase, para hacer un gol por su propia cuenta. Así como Adán decidió hacer las cosas según lo que él quiso, así también Jesucristo decidió dejar las riquezas como nuestro Rey de reyes y hacerse pobre, para luego morir. No hizo lo que su voluntad le pidió, Él clamó a nuestro Padre "¡PADRE SI ES TU VOLUNTAD, PASA DE MÍ ESTA COPA!". Él le pidió, que si era la voluntad de Dios que lo librara de ese sufrimiento que sabía que iba a pasar.

Y decidió morir por Amor a tí que lees este artículo y así cumplir la voluntad de Dios, tomándo lo malo de nosotros para darnos la plenitud de Cristo.

Jesucristo sangre por amor

La Biblia nos dice: "Así que, como por la trasgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida" Romanos 5:18.

Cuando Jesucristo fue torturado, el vinotinto brotó de su cuerpo para darnos amor: eso es Gracia. Y recibimos esa gracia, a través de la Fe (la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve), cuando creemos sin tener que ver. La sangre de Cristo se activa cuando el ciego cree sin dudar que algún día podrá ver, la sangre de Cristo se activa cuando la esposa golpeada decide mejorar su vida sin temor a nadie, la sangre de Cristo se activa cuando el niño que está en una cama del hospital confía en que será completamente sano, la sangre de Cristo se activa cuando Venezuela se convierte en Vinotinto y clama al cielo hasta que se abra y caigan bendiciones, porque al derramar la sangre de Jesús, Dios permitió que ocurra todo esto:

  • Tomó nuestra maldición y nos dio Su bendición.
  • Tomó nuestra enfermedad y nos dio Su salud.
  • Tomó nuestra opresión y nos dio Su libertad.
  • Tomó nuestro rechazo y nos dio Su aceptación.
  • Tomó nuestra pobreza y nos dio Su prosperidad.
  • Tomó nuestro fracaso y nos hizo Sus hijos.
  • Tomó nuestra vida de pecado y nos dio Su santidad.
  • Tomó nuestra tristeza y nos dio Su infinito gozo.
  • Tomó nuestra esterilidad y nos hizo fructíferos

Te invito a que leas esto y lo recibas en tu corazón:

Padre Santo, gracias por enviar a tu único hijo a derramar Su sangre por amor a mí. Hoy entiendo que Jesucristo murió en la cruz para salvar mí vida. Perdona mis pecados y desde ahora decido seguir tus pasos. Gracias porque sé que tu amor no condena mis errores. Te pido que inscribas mi nombre en el libro de la vida y no lo borres de ahí jamás, en el nombre de nuestro señor Jesucristo.

Amén.

Ahora comparte con otros la Sangre Vinotinto que se derramó en tí, por AMOR.

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