Salva a las abejas

Albert Einstein ya dijo en una ocasión que una vez desaparecida la abeja, el hombre sólo viviría cuatro años.

El problema de la desaparición de ABEJAS es un hecho. Hace ya algunos años, allá por la mitad del siglo veinte, ya se intuía que su extinción traería consigo graves desarreglos ambientales. Ahora, iniciado un nuevo milenio y con una mejor tecnología, con asociaciones en defensa de los animales y con una información mucho más rigurosa, las abejas han llegado a ser caldo de cultivo de toda clase de teorías catastróficas.

Los CULTIVOS se polinizan en todo el planeta, y esto lo llevan a cabo las abejas. Su desaparición lo condiciona enormemente, ya que cada vez más regiones se encuentran expuestas a este decremento de un insecto que vive para trabajar. No sólo ya es un problema que afecta a determinados rincones de Europa Central, si no que avanza inexorablemente hacia Australia, África y China. Se ha convertido en un déficit de las colonias que obliga a replantearse la estructura de la colmena.

Surge como un problema sin solución y es consecuencia en mayor medida de los PESTICIDAS vertidos en el medio ambiente: esterilizan al animal y lo condenan a la no perpetuación de la especie. La contaminación es factor de riesgo porque aleja al insecto de su hábitat sin poder llevar a cabo la recogida en el cultivo: desvían el mensaje que transmiten alejándolas de su destino. La alteración en las épocas de lluvia que provoca el cambio climático hace florecer en exceso perjudicando la cantidad y la calidad del néctar. Hay algunas frutas que dependen directamente del trabajo de la abeja, y su contribución merma, en consecuencia, la producción de éstas. Las semillas escasean si no se polinizan y los cultivos se ven abocados al fracaso más absoluto. La crisis alimentaria que podría desembocar tendría consecuencias temibles.

Comparte este Goo:

¿Tiene contenido inapropiado?

Comparte este goo con un amigo: