sabrosura

Sabrosura pura

Somos un piélago de sabores que se desprende de nuestra personalidad, sabrosura pura, solo falta el intérprete que las sepa descubrir.

Es frecuente expresarnos de alguien o de algo alegóricamente, rezumando sabor por sus cualidades, comportamiento y apariencia. Tal es el caso de una persona que denota una actitud complaciente y cariñosa a la que calificamos de dulce o por el contrario decimos que una persona es amargada por que anda por la vida como si estuviera envenenada, no agradándole nada de lo que le rodea.

Así continuamos por la vida atribuyéndole sabores a la gente y a las circunstancias por las que pasamos. Juzgamos a una persona ácida cuando esta se expresa de forma caústica sobre lo que observa en su entorno y relación. Es universalmente aceptado que el sabor es la impresión o sensación que causa un alimento, un dulce, u otra sustancia en nosotros y que esta impresión está determinada generalmente por sensaciones químicas que detecta la lengua, nariz, órganos donde residen los sentidos del gusto y el olfato; donde destaca el olfato que es quien determina abrumadoramente que captemos el sabor.

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Personalidad con sabor

Esto da completa explicación el porqué cuando tenemos gripe y tenemos congestión nasal, los alimentos no nos saben a nada. De igual manera, acotamos que alguien tiene pimienta cuando este se muestra vivaz y alegre o contrariamente cuando este alguien se muestra apocado y distante, expresamos que este es más simple que un huevo sin sal, porque tiene un carácter insípido.

En la poesía y las canciones está implícito generalmente darles esta connotación de sabrosura al comportamiento de los personajes de los mismos así como también cuando contamos chistes picantes en las reuniones sociales que son considerados atrevidos o sabroseamos cuentos para hacerlos más amenos, hasta le agregamos comentarios subidos de tono…, para el regusto de los demás.

¿Qué de donde sacamos este hábito de agregarle “sabor” a personas y situaciones? Hay quienes opinan que es por simple asociación. Comentamos; si el sabor es una impresión, al conocer a una persona de hecho esta nos deja una impresión, que proviene de esa energía particular de dicha persona que la percibimos a un nivel sutilísimo que pertenece al sentido del tacto por medio de los sensores de la piel que, es el órgano receptor más grande que poseemos.

Por lo que no es descabellado ni absolutamente raro que le endilguemos personalidad a los sabores y que usemos de ellos para describir lo que vemos y sentimos en el lenguaje coloquial. Los cuatro sabores clásicos más populares son; salado, dulce, ácido, amargo, además existe un quinto llamado cárnico descubierto en 1908 por el fisiólogo japonés Kikunae Ikeda y lo llamó umami y el cual es descrito como un sabor sutil de regusto prolongado, dejando una sensación aterciopelada en la lengua.

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